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Una iniciativa de Fad Juventud y Fundación Cofares

Tu bienestar emocional también forma parte de tu salud

La Tarjeta Bienestar es una iniciativa gratuita de Fad Juventud y Fundación Cofares para acompañarte, escucharte y orientarte cuando lo necesites.

Cómo acompañar a niñas, niños y adolescentes ante el estrés y la ansiedad

Los exámenes, los cambios familiares, las relaciones, la presión social o una situación inesperada pueden generar preocupación y tensión. En muchos casos, estas reacciones disminuyen cuando cambia la situación o la persona recupera seguridad. En otros, el malestar se mantiene, aumenta o empieza a interferir en su vida cotidiana.

La función de la familia no es diagnosticar, sino ofrecer un entorno seguro, observar la evolución y buscar apoyo cuando sea necesario.

1. Estrés y ansiedad: dos experiencias relacionadas, pero no idénticas

El estrés suele aparecer ante una demanda o una dificultad concreta: un examen, una discusión, una sobrecarga de actividades o un cambio importante. La ansiedad puede incluir preocupación, miedo y reacciones físicas intensas incluso cuando el peligro no es inmediato o resulta difícil identificar una única causa.

Ambas experiencias pueden formar parte de la vida. Conviene prestar atención cuando son muy intensas, se prolongan, aparecen con frecuencia o dificultan el descanso, la asistencia a clase, las relaciones o las actividades cotidianas.

2. Señales que pueden indicar que necesita más apoyo

Cada persona expresa el malestar de una forma diferente. Algunas señales que conviene observar, especialmente cuando aparecen juntas o se mantienen en el tiempo, son:

  • Cambios importantes de humor, irritabilidad o llanto frecuente.
  • Dificultades para dormir, pesadillas o cansancio continuado.
  • Dolores de cabeza, molestias de estómago u otras quejas físicas repetidas sin una causa clara conocida.
  • Evitación de situaciones que antes realizaba, aislamiento o rechazo continuado a ir a clase.
  • Dificultades de concentración, bloqueo o preocupación constante.

Una señal aislada no permite sacar conclusiones. Lo importante es observar los cambios respecto a su comportamiento habitual y preguntar con calma qué está ocurriendo.

3. Qué hacer en un momento de ansiedad intensa

Cuando la activación es muy alta, intentar razonar, discutir o exigir explicaciones puede aumentar el bloqueo. En ese momento, la prioridad es transmitir seguridad y ayudar a que recupere poco a poco la calma.

  • Regula primero tu propio tono. Habla despacio, utiliza frases breves y evita mostrar alarma.
  • Valida sin alimentar el miedo. Puedes decir: “Veo que lo estás pasando mal. Estoy aquí contigo. Vamos a esperar a que esto baje un poco”.
  • Reduce estímulos. Si es posible, acompáñale a un lugar tranquilo y evita rodearle de demasiadas personas o preguntas.
  • Pregunta qué le ayuda. Algunas personas prefieren respirar acompañadas, caminar, beber agua, sentarse o centrarse en elementos del entorno.

Una opción de anclaje

Puedes invitarle, sin obligar, a nombrar cosas que ve, escucha o toca en ese momento. Centrar la atención en el entorno puede ayudar a reducir el bucle de pensamientos y recuperar la sensación de seguridad.

No fuerces una técnica si le incomoda o le genera más tensión. Acompañar también es adaptarse a lo que necesita esa persona concreta.

4. Hablar después, cuando haya recuperado la calma

El momento posterior permite comprender mejor lo ocurrido. Pregunta qué sintió, qué pensó que podía pasar y qué le ayudó. Evita convertir la conversación en un interrogatorio o en una lección.

Podéis acordar de manera conjunta un pequeño plan para futuras situaciones: a quién avisar, dónde ir, qué frase utilizar, qué actividad le ayuda o qué persona adulta de referencia puede acompañarle.

5. Hábitos familiares que pueden reducir la sobrecarga

  • Rutinas de descanso. Mantener horarios razonables y reducir la activación antes de dormir puede favorecer la recuperación.
  • Expectativas realistas. Normalizar el error y revisar la sobrecarga de actividades ayuda a reducir la presión.
  • Movimiento y tiempo al aire libre. La actividad física y los espacios de ocio ofrecen vías de descarga y regulación.
  • Momentos de comunicación sin pantallas. Crear espacios cotidianos para hablar, sin forzar, facilita que el malestar se comparta antes de llegar al límite.
  • Coordinación con otros entornos. Cuando sea necesario, puede ser útil hablar con el centro educativo o con otras personas adultas de referencia para comprender mejor la situación.

6. Cuándo pedir orientación profesional

Conviene buscar apoyo cuando el malestar es intenso, se mantiene durante varias semanas, aparece de forma repetida o afecta de manera importante al sueño, la alimentación, las relaciones, la asistencia a clase o las actividades cotidianas.

También es importante pedir ayuda si las estrategias familiares no están funcionando, si no sabéis cómo actuar o si la preocupación está afectando a toda la convivencia. Ante cualquier riesgo inmediato para su seguridad, busca ayuda urgente.

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