
Estar emocionalmente sano no significa sentirse bien todo el tiempo, sino tener recursos para afrontar los altibajos de la vida.
Un adolescente emocionalmente sano suele:
Son parte normal de la vida. Un suspenso, una discusión con un amigo, una ruptura sentimental…
No son trastornos ni enfermedades: son señales de que algo nos afecta y de que necesitamos regularnos emocionalmente.
Lo importante no es evitar los malestares, sino desarrollar habilidades para gestionarlos.
Cuando el malestar emocional se mantiene en el tiempo, afecta a la vida diaria o es difícil de gestionar sin ayuda, hablamos de problemas de salud mental.
No siempre hay un diagnóstico. Suelen ser situaciones temporales relacionadas con estrés, pérdidas o cambios importantes.
Un adolescente que, durante unas semanas, experimenta insomnio, pérdida de apetito y ansiedad debido a la presión por los exámenes.
Es una condición clínica diagnosticada por un profesional (psicólogo/a o psiquiatra). No se trata de una debilidad personal ni de una fase.
Requiere seguimiento, tratamiento y acompañamiento respetuoso por parte del entorno.
Trastorno de ansiedad generalizada: preocupación excesiva que no desaparece, junto a síntomas físicos como tensión o insomnio.