Autor: firmainvitadapj
12 diciembre, 2024

Hay cosas que pensamos que no nos tocan de cerca hasta que nos damos cuenta de que sí. La violencia de género es una de ellas. A veces creemos que es algo que solo ocurre en noticias impactantes o en relaciones lejanas, pero cuando prestas atención, te das cuenta de que está más presente de lo que imaginamos. Comentarios que normalizan el control, insultos disfrazados de “bromas”, relaciones en las que uno de los dos se siente con derecho a decidir sobre la vida del otro… Y lo peor es que muchos no lo ven como un problema.

Hace poco, leí un estudio que decía que casi 9 de cada 10 jóvenes han reconocido haber presenciado alguna situación de violencia de género en su entorno. Sí, casi todos. Y, sin embargo, todavía hay quien piensa que esto no es real o que se exagera.

El problema del «pero»

Si te paras a pensarlo, siempre que se habla de violencia de género aparecen los “peros”:

  • “Pero ella también le gritaba…”
  • “Pero no es para tanto, solo fue una discusión…”
  • “Pero él no es mala persona…”

Estos «peros» son peligrosos porque convierten algo que es injustificable en algo negociable. Y no, la violencia no debería tener matices ni excusas. No importa si es una broma, si «siempre ha sido así», si «fue solo una vez». Si una persona siente miedo, si alguien está siendo controlado, manipulado o maltratado, eso ya es violencia.

Y lo peor es que muchos jóvenes ni siquiera la identifican cuando la tienen delante. Por ejemplo, hay quien sigue viendo normal que su pareja le revise el móvil, que le diga cómo vestirse o con quién puede hablar. Todo eso, aunque a algunos les parezca «gestos de amor», es una forma de control. Y el control es el inicio de muchas formas de violencia.

La clave está en la educación

Si la violencia de género sigue existiendo, es porque no hemos sabido frenarla a tiempo. La educación es la herramienta más potente que tenemos para cambiar esto. Pero ojo, no hablo solo de la educación en la escuela, sino de todo lo que absorbemos desde pequeños: lo que vemos en casa, en la tele, en redes sociales, en las relaciones de la gente que nos rodea.

Desde pequeños nos enseñan matemáticas y lengua, pero ¿cuánto tiempo se dedica a enseñarnos sobre el respeto, sobre los límites en una relación, sobre la diferencia entre amor y dependencia? Debería ser un tema fundamental, algo que aprendamos antes de que sea tarde.

Los chicos y chicas jóvenes necesitan herramientas para identificar qué es una relación sana y qué no. Tienen que saber que el amor no duele, que no tiene que haber miedo ni control. Y para eso, la educación emocional y la concienciación son claves.

«Ante la violencia de género, no hay peros que valgan»

Por eso, campañas como la que ha lanzado Fad Juventud son tan necesarias. «Ante la violencia de género, no hay peros que valgan» busca desmontar esas excusas que muchas veces usamos sin darnos cuenta. Gracias al apoyo del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, esta iniciativa ha sido posible, creando tres vídeos que muestran situaciones reales en las que se intenta justificar la violencia con algún «pero». La campaña invita a reflexionar y actuar, para dejar de normalizar la violencia y fomentar relaciones sanas y basadas en el respeto.

Si aún no los has visto, te recomiendo que lo hagas. Están aquí: No hay peros que valgan.

Porque la violencia de género no es algo que les pasa a otros. Nos afecta a todos como sociedad. Y si de verdad queremos que cambien las cosas, no podemos seguir mirando hacia otro lado.