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Lo que damos por hecho sobre las relaciones: una mirada desde la juventud LGTBIQ+

Hablar de juventud en singular puede ser útil para simplificar una conversación. El problema aparece cuando esa simplificación termina ocultando experiencias muy diversas. La orientación sexual, la identidad de género, el contexto socioeconómico, el código postal o el entorno en el que crecemos no son variables accesorias: también moldean la forma en que nos relacionamos, entendemos la pareja o afrontamos los conflictos que aparecen en ella. Cuando ignoramos esa diversidad no solo obtenemos una imagen incompleta de la juventud; también dejamos fuera experiencias y personas que no encajan en el relato dominante.

Eso es precisamente lo que pone sobre la mesa el nuevo informe Las relaciones en el colectivo LGTBIQ+. Una mirada a los vínculos sexoafectivos de la juventud LGTBIQ+ desde el Barómetro Juventud y Género 2025, elaborado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud a partir de los datos del Barómetro Juventud y Género 2025. El estudio explora cómo influyen la orientación sexual y la identidad de género en la manera en que las personas jóvenes viven sus relaciones afectivas y de pareja, comparando los resultados de la juventud LGTBIQ+ con los de la juventud cishetero y profundizando, además, en las diferencias que existen dentro del propio colectivo.

La pareja no ocupa el mismo lugar para todo el mundo

Uno de los resultados más llamativos tiene que ver con la importancia que las personas jóvenes conceden a tener pareja.

Mientras que el 52,2% de la juventud cisheterosexual considera muy o bastante importante tener pareja, ese porcentaje desciende hasta el 35,5% entre las personas jóvenes LGTBIQ+. No se trata de que unas relaciones importen menos que otras, sino de que la pareja parece ocupar un lugar diferente dentro del proyecto vital.

El informe también muestra que esa diferencia no desaparece cuando se observa el propio colectivo. Entre las personas homosexuales, casi una de cada cuatro considera que tener pareja tiene poca o ninguna importancia en su vida, una proporción muy superior a la registrada entre las personas bisexuales (10%). Los datos muestran que la importancia que las personas jóvenes conceden a la pareja tampoco es homogénea dentro del colectivo. 

Más allá del amor romántico

Las diferencias no aparecen únicamente en la importancia que se concede a la pareja. También se observan en la forma de entender cómo debería ser una relación.

La juventud LGTBIQ+ muestra un mayor rechazo hacia algunas de las ideas clásicas del amor romántico y concede más importancia a cuestiones como la comunicación, la igualdad o el respeto por la autonomía de la otra persona. En otras palabras, el estudio dibuja una forma de entender los vínculos afectivos menos condicionada por los modelos tradicionales y más orientada a construir relaciones en igualdad

La presión social

A menudo pensamos las relaciones como un asunto privado. Pero ninguna relación se construye al margen del contexto.

El informe muestra que prácticamente la totalidad de las personas jóvenes LGTBIQ+ (99,1%) afirma haber sentido algún tipo de presión social a lo largo de su vida. Sin embargo, esas presiones no son las mismas que experimenta la juventud cisheterosexual.

Mientras esta última declara sentirse más presionada para tener pareja estable, ligar mucho o tomar la iniciativa, las personas jóvenes LGTBIQ+ señalan con mayor frecuencia la presión por responder a determinados estándares de atractivo físico. Incluso dentro del propio colectivo aparecen diferencias relevantes: las mujeres homosexuales son quienes más presión sienten por resultar físicamente atractivas.

Las expectativas sociales no solo condicionan cómo nos mostramos ante los demás; también moldean la manera en que vivimos nuestras relaciones.

La violencia sigue presente

Quizá uno de los hallazgos más complejos del informe sea que una visión más igualitaria de las relaciones no basta, por sí sola, para evitar las situaciones de violencia.

La proporción de personas jóvenes que afirma no haber sufrido nunca violencia en la pareja apenas difiere entre quienes pertenecen o no al colectivo LGTBIQ+. Sin embargo, cuando esa violencia aparece, su intensidad es mayor entre la juventud LGTBIQ+, especialmente entre las mujeres bisexuales.

Este dato obliga a desconfiar de las explicaciones simples. Entender las relaciones desde la igualdad constituye una condición necesaria para prevenir la violencia, pero no suficiente. Las desigualdades que atraviesan a las personas jóvenes no desaparecen automáticamente porque cambien sus valores o sus formas de entender la pareja.

Mirar donde antes no mirábamos

Quizá esa sea una de las aportaciones más interesantes de este informe. No tanto demostrar que la juventud del colectivo viven sus relaciones de manera diferente, sino recordar que ninguna experiencia puede convertirse en la medida de todas las demás. Incorporar otras trayectorias no consiste únicamente en hacer más visible una realidad; permite comprender mejor el conjunto.

Porque las relaciones nunca son solo una cuestión privada. También están atravesadas por normas sociales, expectativas, desigualdades y formas de entender el mundo que aprendemos mucho antes de empezar a querer a alguien. Observar cómo cambian esas normas cuando cambia el contexto no fragmenta la realidad: la hace más compleja. Y, precisamente por eso, ayuda a comprenderla mejor.