*Tania Gmelch Körke
El 21 de mayo celebramos todo aquello que nos caracteriza como sociedad, pero también como personas: nuestro sistema de valores, nuestras tradiciones y costumbres, nuestras creencias, nuestros modos de vida, nuestros derechos fundamentales, o nuestra forma de expresarnos a través de las artes y las letras. En definitiva, todo aquello que nos hace ser como somos: la cultura, considerada un bien público mundial. Pero no se celebra una única cultura, sino la convivencia de todas ellas. Celebramos la diversidad cultural, y el diálogo y el desarrollo que nace de ella.
¿Podríamos ser quienes somos hoy sin todo aquello con lo que hemos crecido? Sin nuestra comida favorita, que comemos desde que éramos pequeños y que lleva perfeccionando nuestra familia durante generaciones, o sin la lengua con la que pensamos, sentimos y nos comunicamos, o sin las costumbres que forman parte de nuestro día a día. ¿Sería yo la misma persona sin comer las albóndigas de mi madre? ¿Sin hablar castellano en casa? Seguramente no. Pero lo más fascinante es que muchas de las cosas que sentimos como propias nacieron, en realidad, del contacto entre diferentes culturas, de intercambios, viajes e influencias. Desde la herencia árabe en parte de la gastronomía española, que, por cierto, la albóndiga proviene del árabe “al-bunduqa” (la bola), hasta las influencias romanas, celtas, latinoamericanas y de muchos otros orígenes que encontramos en tradiciones, modelos de arquitectura, música, costumbres, conceptos políticos o palabras, que hoy forman parte de nuestra identidad.
Este intercambio cultural no pertenece sólo al pasado, sino que lo vivimos en nuestro presente. Vivimos en un mundo cada vez más interconectado, en parte gracias a Internet y a las redes sociales, lo que ha producido que tengamos acceso a otras maneras de pensar, vivir, ver y entender el mundo. Y esto, la existencia de diversidad cultural y el poder establecer diálogos entre las diferentes culturas, no hace que perdamos nuestra identidad, sino que, de hecho, nos enriquece. De esta forma cuestionamos nuestras propias ideas, aprendemos nuevas perspectivas y ampliamos la mirada que tenemos del mundo. La diversidad cultural impulsa la creatividad, el conocimiento y diferentes formas de desarrollo de las sociedades en beneficio de todos.
Sin embargo, estos intercambios no siempre se han producido de manera pacífica, horizontal y respetuosa entre diferentes culturas, y en ocasiones han sido imposiciones. Asimismo, la diversidad cultural no siempre ha sido ni es considerada como enriquecedora o entendida como un valor positivo, sino que también es fuente de incomprensión, tensiones y conflictos. Se considera que el “89% de los conflictos actuales en el mundo se producen en países con escaso diálogo intercultural” (Naciones Unidas, s.f, párr. 2), y que las diferencias culturales constituyen uno de los factores presentes en muchos de los grandes conflictos.
Además, no solo se produce esta incomprensión a gran escala, esta concepción de diversidad cultural como amenaza está presente en la cotidianidad de muchas personas. Un ejemplo de esto es la propagación de discursos de odio con motivación racista, xenófoba, islamófoba, antisemita y antigitana. Según el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (2026) en el primer cuatrimestre de 2026 se detectaron 105.911 mensajes de odio con este trasfondo, es decir, unos 1.170 mensajes de odio al día. El principal detonante de estos mensajes fue la inseguridad ciudadana, representando un 36% de los mensajes de odio, y en el 94% de los contenidos está presente el lenguaje agresivo explícito.
Como se puede observar, el diálogo cultural no es sólo importante para promover diferentes formas de desarrollo, también es necesario para combatir el odio, y construir paz y cohesión social a través del respeto y la comprensión mutua.
Es debido al valor intrínseco que posee la diversidad cultural como motor de desarrollo, paz y diálogo, que es importante trabajar la interculturalidad. Desde el área de Educación para el Desarrollo y la Ciudadanía Global, Fad Juventud busca fortalecer las herramientas de la juventud en la creación de conciencia crítica en torno a las diferentes realidades del mundo, y estas incluyen la diversidad cultural.
Una buena herramienta para poner en valor la diversidad es “La Biblioteca Humana”. Esta consiste en que en vez de leer libros, el grupo de jóvenes participantes lee a personas. En grupos reducidos, cada persona cuenta su historia, hablando de sus orígenes, su familia, amistades, trabajo, estudios, etc. y el público puede hacer preguntas sobre los aspectos que más les interesen, generando un diálogo horizontal y respetuoso.

De esta manera se trabaja la convivencia intercultural, se desmontan prejuicios y estereotipos y se obtienen testimonios de primera mano de lo que significan los procesos migratorios y los cambios culturales para las personas.
Las actividades de “Biblioteca Humana” se están llevando a cabo en el marco de las jornadas “Construyendo tolerancia” en varios centros juveniles del municipio de Madrid, de la mano de la consultora Cidalia. Forman parte del proyecto “El audiovisual como herramienta de transformación social para adolescentes y jóvenes”, que Fad Juventud y Mundo Cooperante están ejecutando durante 2026, gracias a la financiación del Ayuntamiento de Madrid.
Tras la actividad se lleva a cabo una pequeña evaluación que nos permite conocer sus percepción de la misma. Para valorar la sesión utilizan palabras como: esperanza, riqueza, oportunidad, aprendizaje, reflexión, empatía, respeto, escucha y diálogo, por lo que podemos concluir que no sólo es un espacio de traslado de información, sino que se convirtió en un espacio de enriquecimiento individual y colectivo, y orientado a la comprensión de otras realidades, al intercambio y a la convivencia.
A modo de conclusión, hoy celebramos la diversidad cultural para el diálogo y el desarrollo porque la diversidad forma parte de nuestra identidad, hoy no seríamos quienes somos si no hubiese existido un diálogo en el pasado. Además, es una condición esencial del presente para impulsar el desarrollo, la creatividad y el conocimiento. No se trata de una barrera, sino que es una oportunidad. Por último, reconocer esta diversidad y comprenderla es esencial para el futuro, ya que si se trabaja desde el respeto, la comprensión mutua y el diálogo se pueden evitar conflictos y combatir el odio.
*Tania Gmelch Körke es estudiante del máster de Acción Solidaria y de Inclusión Social de la Universidad Carlos III. Actualmente está realizando sus prácticas en el área de Educación para la Ciudadanía Global de Fad Juventud, aprendiendo y trabajando por la transformación social y la acción solidaria.
Bibliografía
Naciones Unidas (s. f.). Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo
Naciones Unidas. https://www.un.org/es/observances/cultural-diversity-day
Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia. (2026). Boletín de monitorización del discurso de odio en redes sociales ( NIPO: 121-23-006-3). Recuperado 14 de mayo de 2026, de https://www.inclusion.gob.es/documents/6602794/0/Boletín+trimestral+2026T1v3.pdf/eadce18b-721d-234a-2e5a-46de6e6f56e5?t=1778666450204
