Hace un año, la DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) causó estragos en varias comarcas valencianas: inundaciones, pérdidas materiales, daños sociales y emocionales. En este contexto, el programa Jóvenes y resilientes: impulsando salud comunitaria tras la DANA surge como una apuesta por la recuperación integral, donde jóvenes y adolescentes son protagonistas de la reconstrucción y el cambio.
Desde Fad Juventud, queremos subrayar la importancia de que las respuestas ante catástrofes integren no solo lo material, sino también estrategias de acompañamiento psicosocial, reconstrucción de redes comunitarias y participación ciudadana: una recuperación que no solo “levante muros”, sino que restablezca vidas y vínculos sociales.
Es por ello que desde Jóvenes y resilientes seguimos trabajando la necesidad de intervenir no solo en la dimensión física , sino también en la dimensión emocional y comunitaria. Y en este escenario, la juventud ha demostrado ser un motor imprescindible.


Estas son algunas de las acciones que, un año después, evidencian cómo jóvenes y adolescentes de diversos territorios han asumido un rol activo en la reconstrucción comunitaria:
La participación del departamento de la UPCCA de Sedaví fue fundamental, aportando recursos, espacios y acompañamiento técnico que hicieron posible el desarrollo de estas actividades.
Actualmente, los grupos del IES Sedaví y del CIPFP Faitanar continúan participando activamente en el programa, y próximamente llevarán a cabo sus propias acciones comunitarias en la zona. Su implicación demuestra que el motor de cambio sigue en marcha: la comunidad educativa y la juventud mantienen vivo el compromiso con la reconstrucción, trabajando de manera constante para fortalecer los lazos sociales, fomentar la resiliencia y contribuir a una recuperación integral que abarque tanto lo físico como lo emocional.
Estas acciones ejemplifican cómo la presencia juvenil no es anecdótica, sino central.
El programa “Jóvenes y resilientes” descansa sobre algunos principios clave:


Un año después de la DANA, la resiliencia de la juventud se ha hecho evidente: frente a pérdidas y dificultades, siguen respondiendo con creatividad, compromiso y solidaridad.
Las experiencias vividas en los diferentes territorios no solo han generado impacto local, sino que se presentan como modelos replicables para otras comunidades afectadas, demostrando que la reconstrucción es más fuerte cuando se construye desde la colaboración y el cuidado mutuo.
Aunque aún existen desafíos —recursos limitados, fatiga emocional, coordinación institucional y la necesidad de dar continuidad a los proyectos más allá del momento de crisis—, la perspectiva de futuro es clara: consolidar espacios estables de participación juvenil, fortalecer redes intermunicipales y diseñar políticas que reconozcan y potencien estas dinámicas.
La juventud no solo es un apoyo en la reconstrucción comunitaria: son el motor de cambio que la comunidad necesita, trabajando mano a mano para lograr una reconstrucción real e integral y que ponga en el centro aquellas acciones que realmente logran que un territorio se vuelva más resiliente.