*Laura Vicente
Hace unas semanas me pidieron que escribiera este artículo, y sentí una mezcla de incertidumbre y miedo. No soy escritora, ni mucho menos actriz profesional. Lo que sí soy es algo payasa y a la vez tímida, bastante creativa y, en ocasiones, muy callada.
Probablemente pensarás «Esos adjetivos son contradictorios para alguien que es capaz de subirse a un escenario». Pero no. Al menos no en el mundo del teatro.
El teatro no es solo diversión o subir al escenario frente a muchas personas para recitar textos o contar historias. Error. Es mucho más que eso.
Es un espejo de nuestra sociedad, una herramienta para aprender, para explorar temas difíciles, para empatizar con otros puntos de vista. Es una forma de llevar nuestras creencias y valores a otros, de hacernos pensar sobre el mundo que nos rodea.
El teatro para mí, es un espacio donde enfrento emociones, donde las reflexiones me hacen cuestionarme, donde las ideas tienen poder de transformarme. El teatro me ofrece la oportunidad de compartir mis pensamientos, de hacerme preguntas y, lo más importante, de hacer que el público también se cuestione. Me invita a mostrarles el mundo desde una nueva perspectiva, algo que, a veces, leído o en una simple conversación, no cala de la misma manera.
Y pensarás, qué intensa esta, pero no, sigue leyendo
Hace unas semanas, vi La otra bestia, obra de la actriz Ana Rujas, que me hizo pensar aún más en la profundidad y el poder transformador del teatro. Esta obra parte de un poemario que Ana Rujas no tenía intención de convertir en obra teatral pero el deseo de que sus palabras fueran «dichas», «sentidas» y vividas por otros llevó sus versos al escenario. Este proceso de convertir un texto escrito en una experiencia teatral representa cómo el teatro puede dar vida a las palabras de una forma única, transformando la poesía en una obra que sentir.
En La otra bestia, se trataban muchos temas, la búsqueda de sentido, la bestia interior que todo el mundo tiene, el desamor, la espiritualidad, y de un tema universalmente humano: el paso del tiempo. La obra refleja el proceso de crecer, madurar, enfrentar la vejez, soltar lo que se fue y aceptar lo que llega. La protagonista, Sara, nos lleva por un viaje de crecimiento y maduración, donde los personajes lidian con el miedo a la pérdida, la tristeza de dejar atrás y a la inevitabilidad de la vida.
Esta obra fui a verla con mi hermano pequeño, dato importante, persona que está viviendo una etapa vital diferente a la mía. Al salir y comentar lo que habíamos visto, los dos nos dimos cuenta de que cada uno había prestado atención a diferentes temas, diferentes detalles y habíamos sacado sus propias conclusiones, en base a lo que le había llegado más. Él salió dándole vueltas a la bestia interior de las personas, al mal y a la búsqueda del sentido de la vida, yo, que soy un poquito más mayor y ando cerca de los 30, salí pensando en el paso del tiempo, en lo que dejamos atrás, en la vida adulta… ¡Lo sé! los 30 son los nuevos 20 pero no deja de ser un cambio, no deja de significar el paso del tiempo, no deja de significar, lo que dejo atrás.
A esto me refiero cuando digo que el teatro es maravilloso. Estábamos sentados al lado uno de otro, estábamos viendo la misma obra, escuchando los mismo textos, y sin embargo, a cada uno nos llegó algo diferente que nos hizo pensar más fuerte, durante unos días, en cómo nos afectaron esas palabras dichas encima del escenario por alguien que no conocíamos. Cómo alguien podía plasmar la inseguridad individual de cada uno y convertirla en una universal, compartida por muchos espectadores sentados en esas butacas.
El teatro nos obliga a enfrentarnos a nosotros mismos, o mejor dicho, nos ofrece el espacio para compartir lo que somos, lo que sentimos y lo que pensamos. Nos enseña que no estamos solos, que hay personas que se sienten igual. Nos enseña a abrir la mente, entender historias, empatizar con personas.
David Mamet, decía que el teatro, no es solo entretenimiento. Es un lugar donde reflexionamos sobre la vida. Y es en ese espacio donde las emociones y las ideas se vuelven tangibles, donde lo que está en nuestro interior se convierte en una experiencia compartida, en algo más grande que nosotros mismos.
Teatro es un lugar donde estar seguro, donde ser tú mismo, donde crecer, evolucionar, cuestionarte y aprender. El teatro es un poco casa.

Te has quedado con el gusanito. No es una pregunta, lo sé porque todos nos quedamos con esa sensación de querer más del teatro. De querer aportar también.
Aportar, por ejemplo, ayudando a que nuestra sociedad sea un poco mejor.
Si te gusta el teatro como alumno o si eres profe y quieres implementar la diversidad en tus aulas de una manera divertida, te presentamos #DesactivaTusPrejuicios, una iniciativa con la que queremos que el teatro sea el vehículo para conseguir una juventud que le plante cara a los discursos de odio y la intolerancia. Porque en el teatro todo el mundo es igual, y tenemos que aplicar este principio a nuestros días.
¿Quieres participar? Elabora un texto teatral o representa una pieza breve o, incluso, alguna propuesta o iniciativa para desarrollar la metodología en tu entorno social próximo. ¡Preséntalo aquí y concursa para ganar el premio!
Ahora te toca a ti formar parte de la historia del teatro.
*Laura Vicente es publicista especializada en marketing digital, diseño web y desarrollo de aplicaciones. Su creatividad y su inquietud por explorar nuevas ideas la llevan a combinar su profesión con su pasión por el arte, la pintura y el teatro. Siempre en busca de nuevas formas de expresión, encuentra en el diseño y la interpretación una manera de innovar, conectar y entender a las personas.