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«El cambio empezó el día que me atreví a intentarlo»

Acceder a una formación puede cambiar muchas cosas. No solo porque permite adquirir conocimientos o mejorar las oportunidades laborales, sino porque también puede transformar la manera en que una persona se ve a sí misma.

Eso es lo que muestran las historias de las personas participantes en los cursos de habilitación técnica impulsados por Fad Juventud en Nicaragua, en colaboración con el Instituto Nacional Tecnológico (INATEC). A través de formaciones en ámbitos como la informática, la cocina, la administración, la costura, la estética o la artesanía, cientos de jóvenes han fortalecido sus competencias profesionales, pero también su confianza, su autonomía y su capacidad para imaginar nuevos proyectos de vida.

Katherine tiene 21 años y participó en un curso de Cocina Nicaragüense. Cuando recuerda cómo empezó, no habla primero de recetas ni de técnicas culinarias.

«Antes yo no sabía ni cómo agarrar un cuchillo, no sabía nada de cocina.»

Durante el curso aprendió a organizar su trabajo, a cocinar y a realizar prácticas en un hotel. Pero cuando le preguntan cuál ha sido el mayor cambio, su respuesta va por otro camino:

«Sin duda alguna el cambio más importante que tuve fue perder el miedo… Ya no tengo miedo de muchas cosas, puedo intentar algo nuevo sin tener miedo a fracasar.»

Historias como la suya se repiten entre las más de 500 personas jóvenes que han participado en esta formación, que combina capacitación técnica con el desarrollo de habilidades personales y sociales. Los cursos abarcan ámbitos como la informática, la administración, la cocina, la costura, la estética o la artesanía, siempre con un objetivo común: ampliar las oportunidades de empleo y de emprendimiento.

Para Osiris, de 31 años, el curso de artesanía en barro significó descubrir una posibilidad que encajaba con su realidad como madre de una niña con discapacidad.

«Desde casa usted puede trabajar, desde casa puede hacer su propio ingreso… Para mí ha sido de mucha importancia.»

Claudia, de 17 años, encontró en el curso de computación algo más que competencias digitales. Encontró una motivación para seguir aprendiendo.

«Quiero saber más… Y mi gran cambio para mí ha sido mi motivación de mí misma, motivarme cada día más que puedo lograr muchas cosas que yo me proponga.»

Y Rachell, que siempre había querido formarse en cocina pero no podía asumir el coste de un curso, resume así lo que ha supuesto esta oportunidad:

«El cambio más grande a nivel personal fue crecer en mis habilidades y creer en mis capacidades.»

Las participantes, siendo 70% mujeres, han podido acceder a nuevas oportunidades de empleo y autoempleo. Sin embargo, sus testimonios muestran que el impacto va más allá: han descubierto talentos que no conocían, han ganado confianza en sí mismas y han empezado a imaginar la posibilidad de un futuro diferente. Pero los testimonios cuentan otra parte de la historia: la de personas que descubren talentos que no sabían que tenían, que ganan confianza y que empiezan a imaginar un futuro diferente.

Porque, a veces, el aprendizaje más importante no aparece en el certificado del curso. Es la certeza de que una también puede.