Autor: Fad Juventud
15 enero, 2019

Como padres y madres de adolescentes tenemos un papel fundamental en la prevención y detección de riesgos que debe mantenerse alineado con la estrategia educativa que lleven a cabo los docentes del centro escolar de nuestros hijos o hijas. Antes de ponernos manos a la obra y empezar a analizar, evaluar o prevenir, quizá deberíamos realizar un ejercicio de empatía para entender por qué los riesgos son tan poderosamente atractivos para los y las adolescentes.

.¿Qué fuerza física (porque a veces, hasta lo parece) les invita continuamente a transgredir las reglas y a poner a prueba su propia seguridad a cambio de los supuestos beneficios de consumir una droga o mantener relaciones sexuales no seguras? Parece que, como si de una película antigua se tratara, siempre eligieran hacerle caso al pequeño diablillo posado en su hombro en lugar de atenerse al juicio sensato del angelito que descansa, ignorado, al otro lado. En realidad, la explicación es menos cinematográfica y más sencilla.

Durante la adolescencia, se produce un efecto de sobrestimación de la propia invulnerabilidad que deriva en una percepción menor de los riesgos y puede inducir a los chicos y chicas a pensar que “a mí no me puede pasar”. A esta edad también surge una imperiosa necesidad de experimentación para empezar a definir su identidad, para empezar a sentirse adultos. Su percepción de riesgo no es la misma que la de los adultos, por ello, a menudo, optan por la satisfacción inmediata de cumplir con sus deseos haciendo “oídos sordos” a posibles riesgos. Así, según datos de ProyectoScopio, a un 40% de los y las jóvenes de 15 a 29 años les compensa emborracharse y perder el control a pesar de los riesgos que este tipo de comportamientos puedan entrañar.

¿QUÉ PODEMOS HACER DESDE CASA? TE PROPONEMOS ESTAS CINCO PAUTAS

  1. Cultivar un espacio de comunicación y dialogo en el que padres, madres, hijos e hijas se sientan cómodos y puedan expresarse libremente. Escuchar sus necesidades, opiniones y dificultades del día a día nos ayudará a empatizar con ellos y ellas, a entenderles mejor. Este clima de escucha favorecerá la identificación y tratamiento de la conducta de riesgo en caso de que esta aparezca.
  2. Establecer límites razonables. Según afirma en este vídeo la presidenta de la Asociación Pedagógica Francesco Tonucci y experta en inteligencia emocional Mar Romera, los límites y normas permiten a hijos e hijas diferenciar las conductas adecuadas de las no adecuadas, y construir su propia identidad moral a través de la experimentación e, incluso, de la transgresión.
  3. ¡Ojo avizor a las señales emocionales! Los cambios de ánimo o de actitud pueden esconder un comportamiento de riesgo por parte de los y las adolescentes. Si se encuentra más irritable de lo habitual, se enfada con facilidad o parece triste, puede que haya “algo más” detrás. Y, aunque no lo haya, debemos estar muy atentos ya que, en estos momentos de flaqueza, los y las adolescentes son más vulnerables a riesgos como los consumos de drogas.
  4. En caso de detectar un comportamiento de riesgo debemos evitar “broncas” o “sermones”. De nada servirá gritar o regañar. Es preferible respirar hondo, esperar a que se pase el enfado y, desde la calma y la tranquilidad, sentarnos a hablar con nuestro hijo o hija para entender qué ha ocurrido. Este video de En Familia Fad dramatiza el relato de una hija que vuelve a casa con claros síntomas de haber consumido alcohol de forma abusiva y compara las posibles formas de reaccionar de su padre ante esta situación.
  5. Detrás de todo comportamiento de riesgo hay una causa (o varias). Al inicio de este post hablábamos del atractivo que el riesgo tiene para los y las adolescentes. Sin embargo, son muchos los factores que pueden desencadenar este tipo de conductas. La presión de grupo, la identificación con los iguales, ese bajón emocional… Solo cuando demos con la auténtica causa, podremos realizar un diagnóstico certero y empezar abordar el problema de forma adecuada.

Decir que más vale prevenir que curar es mucho más que un refrán popular, sobre todo cuando hablamos de adolescentes y jóvenes. Es afirmar que una buena estrategia preventiva llevada a cabo de forma conjunta en casa y en el aula puede evitar la aparición de conductas de riesgo tales como los consumos de drogas, el acoso escolar o el uso excesivo de las nuevas tecnologías. En esta misma línea, la detección temprana de conductas de riesgo entre los y las jóvenes puede ser un factor determinante para que el desarrollo positivo de estos chicos y chicas no se vea truncado por este tipo de comportamientos y los problemas derivados de los mismos.

Fad lanza el lunes 21 de enero una nueva edición del curso “Detección temprana de riesgos juveniles desde la escuela”, realizado gracias a la financiación de la Junta de Castilla-La Mancha, y dirigido a docentes y otros profesionales del entorno educativo de esta comunidad autónoma. El objetivo de esta formación online y gratuita es facilitar las herramientas necesarias para la identificación, diagnóstico e intervención preventiva de conductas de riesgo en el ámbito escolar. El curso también ahonda en la posible vinculación que puede establecerse entre los distintos tipos de dichas conductas.