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Cultura de paz en tiempo de guerras

*Mar Herranz

En estos tiempos en los que las guerras no solo no han disminuido, sino que están aumentando de forma espeluznante, se hace necesario unir fuerzas para defender la cultura de paz.

La reunión de Direcciones y Presidencias de la Coordinadora Nacional de ONGD celebrada el día 9 de abril, ha girado en torno a esta realidad y ha contado con la presencia de figuras muy interesantes tanto del periodismo como de la educación, la cooperación y el activismo.

La periodista Olga Rodríguez ha abierto la jornada contando de primera mano su experiencia como reportera en Oriente Medio. Como no podía ser de otra forma, su relato ha dejado a la sala sin palabras durante su intervención. La realidad de lo que sigue sucediendo en Gaza y Líbano, no deja de ser sorprendente por mucho que cada día se cuente en las noticias; que países como Israel no reciban sanciones y que la UE siga manteniendo relaciones comerciales con ese país no deja de ser también algo increíble, pero cierto. Para el periodismo, como para la cooperación, están siendo tiempos muy difíciles. En Gaza se mata a las personas que quieren comunicar e informar, pero en Europa están recibiendo sanciones y en España algunos/as han sido despedidos y otros/as temen por sus puestos de trabajo. Es un momento en el que se impone la necesidad de colaboración entre los y las comunicadoras y las ONGD. Entre todas se conseguirá llegar un poco más lejos con el mensaje de que la paz es necesaria, de que nunca una guerra fue buena para nadie. Esto lo sabe muy bien Olga, que ha vivido conflictos armados en primera persona y que cuenta que las personas más pacifistas son las que han vivido guerras en el pasado, porque nadie sale venciendo en una guerra, todo el mundo pierde. Por eso, hoy en día se impone la necesidad de movilizarse por la paz.

Para Olga Rodríguez, en el momento actual estamos sufriendo las consecuencias de la impunidad de conflictos pasados, como la invasión de Bagdad de 2003, en la que murieron 3 periodistas, uno de ellos José Couso. El resto de periodistas que vivían en el mismo hotel tuvieron que llevarlos al hospital y al mismo tiempo intentaron salvar sus vidas, por eso no pudieron contar lo que sucedió y los responsables de ese conflicto quedaron impunes. Lo que nos pide Olga es que no suceda ahora lo mismo, que no se deje de contar lo que está sucediendo y que se reivindique la paz para que en el futuro no volvamos a sufrir la impunidad del presente.

En la siguiente mesa redonda, la compañera de Greenpeace dio a conocer las dificultades por las que la organización está pasando, debido a denuncias que están teniendo en Estados Unidos y Reino Unido por parte de empresas de combustibles fósiles, que fueron objeto de las campañas de la organización. Las cifras que les reclaman los tribunales de esos países son tan desorbitadas que ponen en riesgo la viabilidad de su existencia. Es un hecho que muchas organizaciones tienen que dejar de realizar su actividad para poder hacer frente a las multas que están teniendo que afrontar por su activismo.

La representante de RTVE Verifica explicó cómo la desinformación también es manipulación porque, si no se habla de algo, se invisibiliza y se deja de transmitir la verdad. En su departamento trabajan para que las noticias que se transmitan sean veraces y contrastadas, pero reconoció las dificultades de tener más repercusión que los bulos porque estos son más fáciles de expandir, más rápidos y más atractivos para la audiencia, mientras que el trabajo de verificación y comprobación lleva más tiempo. El bulo utiliza una estética más llamativa y el rigor llega de una forma más lenta. Además, aunque se consiga desmontar los bulos, a veces el odio sigue. Es más difícil exterminar el odio que la desinformación. Puso ejemplos de cómo hechos concretos de un lugar se utilizan y manipulan de forma internacional totalmente descontextualizados, pero que la población asume como reales. Y reforzó lo que desde las ONGD ya venimos diciendo, que los bulos y la desinformación tienen como foco principal a las personas migrantes, las mujeres, la población LGTBIQ+, pero también a personas científicas y meteorólogas, hasta el punto que muchas de ellas ya no quieren ser citadas como fuentes de información para evitar el acoso en redes sociales.

Pero también hubo un punto de esperanza en las intervenciones de las compañeras de Jóvenes y Desarrollo, Futuro en Común, Entreculturas y Oxfam, que dieron a conocer las estrategias de educación para prevenir los discursos de odio y las alianzas que se están generando para extender la cultura de paz, porque juntas somos más, juntas somos más fuertes y además tenemos la razón.

 

*Mar Herranz es licenciada en Geografía e Historia, experta en Documentación y Máster en Cooperación al Desarrollo y Educación Intercultural. Cuenta con más de 30 años de trayectoria profesional en Fad Juventud y ha dedicado los últimos 18 a la gestión de subvenciones para proyectos de Cooperación en América Latina y de Educación para la Ciudadanía Global en España, todo ello con el fin de construir de un mundo más justo, menos desigual y más sostenible.