*Aina Mena
Entrar al edificio de ABANCA el pasado 25 de marzo en A Coruña no fue ir a un evento más. Fue abrir la puerta a un espacio donde, por fin, las reglas del juego cambiaban.
A menudo, los jóvenes escuchamos discursos sobre nuestro futuro laboral redactados por personas que hace décadas pasaron por su primera entrevista. Sin embargo, la jornada IBM 100 Community Impact for Youth, organizada por IBM y Fad Juventud, planteó algo completamente diferente: sentar en la misma mesa a quienes toman decisiones y a quienes buscamos nuestra primera oportunidad.
El ambiente se sentía especial desde el principio. Por un lado, empresas e instituciones con una disposición real a escuchar; por otro, jóvenes cargados de motivación y ganas de aportar. No era solo un evento: era una conversación abierta.

Tras una primera ronda de presentaciones, que nos ayudó a romper el hielo y ubicarnos, llegó la parte más dinámica y potente del día: el taller de co-creación. Nos dividimos en grupos para rotar por cuatro mesas temáticas clave en el acceso al empleo juvenil: primer empleo, aspectos emocionales, factores sociales y culturales, y brecha formativa.
En cada mesa pasaba algo muy potente: hablábamos sin filtros. Compartíamos ideas, experiencias y dudas. A veces coincidíamos y otras no. Pero siempre salían conclusiones reales. Al final, pusimos todo en común, transformando esas conversaciones en propuestas concretas.
Tuve la suerte de ser portavoz de la mesa sobre acceso al primer empleo. Dinamizar ese espacio y acompañar a otros jóvenes en la reflexión sobre un reto tan grande fue, para mí, una experiencia muy enriquecedora. Allí se habló de lo que de verdad nos preocupa: el vértigo de hacer el primer currículum, la incertidumbre de enfrentarse a una entrevista y esas barreras invisibles que aparecen cuando no tienes experiencia previa.
Pero si algo marcó la diferencia fue la diversidad. Escuchar a otros jóvenes con recorridos distintos, pero con inquietudes tan parecidas, te hace sentir menos sola. Compartimos fracasos, logros y también trucos que nos han servido en nuestro camino.
A esto se sumó algo clave: la cercanía de las entidades participantes. Contar con profesionales de organizaciones como ABANCA, Afundación, la Xunta de Galicia (AMTEGA) o Tecnoempleo, escuchando activamente y respondiendo de tú a tú, cambia la percepción. De repente, el mercado laboral deja de ser algo lejano para convertirse en un espacio más humano, más accesible. Entiendes que el talento joven sí importa, y que cuando hay escucha real, las barreras empiezan a desdibujarse.
¿Para qué sirven realmente estas iniciativas?
Salí de este encuentro con una idea muy clara: este tipo de espacios no son solo útiles, son necesarios.
Su valor está en algo tan simple, y tan poco frecuente, como escuchar a la juventud. Escuchar de verdad. Entender nuestros miedos, nuestras inseguridades, pero también nuestro potencial. Solo así se pueden construir soluciones que tengan sentido, que conecten con la realidad.
Porque el acceso al empleo no es solo una cuestión de formación técnica. También habla de confianza, de referentes, de acompañamiento. Y eso solo se construye generando espacios de diálogo como este.
A Coruña ha sido el punto de partida de un movimiento muy potente que, por suerte, se va a replicar en otras ciudades, como Barcelona y Madrid.
Salí de allí con la sensación de que el futuro del empleo no se construye esperando oportunidades, sino creando puentes. Si la tecnología avanza rápido, nosotros estamos preparados para avanzar aún más. Solo necesitamos que nos sigan escuchando.

*Aina Mena es estudiante de Robótica en la Universidad de Santiago de Compostela y fundadora de Optimuu, un proyecto emprendedor en el sector agrotech. Apasionada por la tecnología, la innovación y la creación de soluciones con impacto real.
