Solemos recomendar libros como si todos sirvieran para lo mismo. Como si bastara con decir «es que es buenísimo». Pero no todos los libros nos piden lo mismo ni nos dejan el mismo poso. Hay algunos que cuestionan las certezas con las que miramos el mundo. Otros nos obligan a detenernos en realidades que preferiríamos no mirar de frente. Algunos ponen nombre a experiencias que intuíamos, pero nunca habíamos sabido explicar. Y otros, sencillamente, nos recuerdan por qué merece la pena vivir, recordar o querer.
Quizá por eso recomendar un libro siempre es un ejercicio un poco tramposo. Depende menos del libro que del momento en el que llegue.
Estas cinco recomendaciones no son las cinco mejores lecturas para el verano. Son cinco libros para cinco maneras distintas de atravesarlo.
Si lo que te apetece es cuestionar la forma en la que miramos la intimidad…
Los reyes de la casa, de Delphine de Vigan
Empieza como un thriller. O, al menos, esa es la sensación durante muchas páginas. Pero sería injusto quedarse ahí. Los reyes de la casa termina siendo una reflexión incómoda sobre uno de los grandes temas de nuestro tiempo: la sobreexposición de niños y niñas en redes sociales y nuestra relación, cada vez más compulsiva, con la vida de los demás.
La novela sigue a una familia convertida en fenómeno de internet. Cada gesto cotidiano se transforma en contenido, cada momento íntimo en espectáculo. Hay un intercambio silencioso que atraviesa toda la historia: te entrego mi vida para que alimentes mi ego. O quizá algo todavía más inquietante: entrego la vida de mis hijos.
Delphine de Vigan no señala con el dedo. Hace algo mucho más inteligente: nos obliga a preguntarnos cuánto de espectadores y cuánto de cómplices hay en todos nosotros.
Si lo que te apetece es mirar de frente toda una estructura de violencia…
Perras de reserva, de Dahlia de la Cerda
Hay libros que hablan de la violencia. Perras de reserva habla de la vida cuando la violencia se convierte en el contexto. Son trece relatos protagonizados por mujeres muy distintas, pero atravesadas por una misma estructura de violencia que acaba infiltrándose en lo cotidiano. La violencia está en el narcotráfico y en los feminicidios, sí, pero también en la precariedad, en el clasismo, en las relaciones familiares y en el lenguaje. No aparece como una excepción, sino como el contexto desde el que estas mujeres construyen su vida.
Dahlia de la Cerda consigue que cada historia tenga temperatura, olor y textura. No lees sobre esas mujeres: entras en sus casas, escuchas cómo hablan, entiendes sus contradicciones y sus formas de sobrevivir. Hay tanta verdad en ellas que resulta imposible no reconocerlas, incluso desde un contexto lejano.
Poco a poco, algunos personajes reaparecen y ciertas historias vuelven a encontrarse. Es entonces cuando entiendes que no estás leyendo trece historias independientes, sino distintas formas de enfrentarse a un mismo sistema. Cada relato añade una capa más hasta que el libro termina componiendo una misma fotografía. No de la violencia, sino de la vida cuando la violencia deja de ser una excepción y pasa a formar parte del paisaje.
Si lo que te apetece es reconciliarte con la vida…
El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince
El olvido que seremos es uno de esos libros que parece escrito con el corazón en la mano. Y, de alguna manera, también es así como te deja cuando lo terminas.
Héctor Abad Faciolince reconstruye la vida de su padre, un médico colombiano comprometido con la defensa de los derechos humanos, pero el libro acaba siendo mucho más que un homenaje. Es una reflexión sobre la memoria, el amor, la pérdida y todo aquello que hace que una vida merezca ser vivida.
Es uno de esos libros que no te dice cómo vivir, pero que va dejando pequeñas verdades por el camino mientras lees. Como que el amor inmerecido es el que nos ayuda a soportar las peores cosas de la vida, que las zonas de sombra no son aquellas que escondemos por vergüenzas, si no aquellas cosas que justifican nuestro paso por la tierra pero que pertenecen a la intimidad más íntima y que es mucho más importante la lucha por las metas que alcanzarlas.
Como que el amor inmerecido es el que nos ayuda a soportar las peores cosas de la vida. Que las verdaderas zonas de sombra no son aquellas que escondemos por vergüenza, sino aquellas que, aunque puedan justificar nuestro paso por la tierra, no compartimos porque pertenecen a la intimidad más íntima. Y que, tal vez, luchar por las metas sea mucho más relevante que alcanzarlas.
Si lo que te apetece es pensar la memoria y la pertenencia…
Ocupación, de Margaryta Yakovenko
Ocupación parte de la historia familiar de Margaryta Yakovenko, pero acaba convirtiéndose en una reflexión mucho más amplia sobre la memoria, la identidad y el sentimiento de pertenencia. A través de varias generaciones, la autora reconstruye la historia de su familia marcada por la ocupación soviética, la independencia de Ucrania y la invasión rusa, al tiempo que intenta responder una pregunta que atraviesa todo el libro: ¿qué significa perder un lugar?
Sentir nostalgia por la casa que te vio crecer, por los pasillos del colegio donde pasaste media infancia o por el parque de tu barrio es casi una experiencia compartida. Lo que ya no lo es tanto es echar de menos un lugar al que nunca podrás volver porque te ha sido arrebatado.
Ocupación habla de la resistencia, de la familia como el primer lugar al que pertenecemos y de la memoria como una forma de sostener aquello que la violencia intenta borrar. Es un libro profundamente honesto que demuestra que la historia nunca es solo una sucesión de grandes acontecimientos. También se construye de sobremesas, fotografías, silencios, palabras heredadas y pequeños gestos que pasan de una generación a otra.
Al terminarlo, uno entiende que la memoria no sirve solo para recordar el pasado. También es una forma de resistencia.
Si lo que te apetece es acompañar una vida entera…
La saga Dos amigas, de Elena Ferrante
La saga Dos amigas comienza con la infancia de Lila y Lenù en un barrio de Nápoles. A lo largo de los cuatro libros que componen esta saga, Elena Ferrante acompaña sus vidas durante décadas y convierte su amistad en el hilo desde el que pensar todo lo demás: la familia, la educación, la ambición, el deseo, las desigualdades, la maternidad, la política, la violencia, el paso del tiempo.
Ferrante tiene una capacidad extraordinaria para escribir la vida sin convertirla en algo extraordinario. Sus personajes son contradictorios, a veces torpes, a veces difíciles de comprender y, precisamente por eso, profundamente reales. Una acaba vinculándose a ellos como se vincula a las personas importantes: con admiración en unos momentos, con enfado en otros, desesperándose con sus decisiones y sin dejar de reconocer algo de una misma en ellas.
Hay libros que cuentan una historia. Y hay otros que consiguen que, al terminarlos, tengas la impresión de haber compartido una vida. Dos amigas pertenece a esa segunda categoría.
