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8 de marzo: La brecha de género que no se cierra. Datos sobre juventud y género en España y Europa

Han pasado más de cien años desde las primeras marchas por la igualdad de género. Y desde entonces, la situación ha ido evolucionando poco a poco dependiendo del ámbito geográfico o del aspecto concreto (sufragio, laboral, cultural, etc).  Pero, ¿en qué punto nos encontramos? ¿Cómo de abierta sigue la brecha de género en nuestro país?

Los datos de los últimos años nos indican que aún queda mucho camino por recorrer, por ejemplo, en cuestiones salariales. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) lo dejan claro, pero también hay diferencias en cuestiones relativas a la demografía, la educación, la emancipación y el uso de TIC.  ProyectoScopio, elaborado desde el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, ofrece cifras sobre cómo se comportan estos indicadores cuando hablamos de jóvenes.

Los diferentes porcentajes sobre la presencia y el comportamiento de los y las jóvenes en la sociedad española y europea apuntan desigualdades considerables a todos los niveles. El ProyectoScopio monitoriza datos nacionales e internacionales que señalan diferencias entre ellas y ellos en lo que concierne a esta franja de edad (15-29 años): acceso a la educación, emancipación fuera del hogar parental e incorporación al mercado laboral. También ofrece algunas cifras significativas sobre su peso en la pirámide demográfica y sobre su mortalidad.

La proporción de chicas con estudios superiores es mayor que la de los chicos en casi un 15% dentro y fuera de las fronteras españolas. Ellas, además, son protagonistas en los otros niveles educativos, padeciendo un menor abandono y fracaso escolar en la enseñanza obligatoria y teniendo más presencia en los niveles no obligatorios. La brecha, por tanto, se estrecha entre los dos géneros en cuanto a indicadores educativos y, como se puede deducir, si se ensancha es porque toman la delantera las mujeres.

La tasa de empleo, como es sabido y en el marco de una crisis económica mundial, ha acentuado la diferencia entre jóvenes y adultos, y es menor en el caso femenino tanto en España como en Europa. Hay menos trabajo para la juventud y el que hay es de menor calidad, entendida en criterios de temporalidad, con salarios más bajos para ellas y con una tasa de parcialidad involuntaria mayor también para las mujeres. El caso español es agraviante respecto a Europa en este último punto, donde un 67% de los y las jóvenes se encuentran empleados a tiempo parcial mientras que la media europea es del 34%.

La juventud española se emancipa mucho más tarde que la media de la juventud europea, siendo ellos los que con más edad se marchan del hogar familiar. Por ejemplo, entre los 20 y los 24 años, la tasa de emancipación de las chicas es casi del 12% frente al 6,5% de las chicos, cuando en Europa este indicador queda marcado por un 33% en el caso de ellas y por un 23% si se trata de ellos. Las dinámicas emancipadoras son distintas en unos y otros países en términos culturales, pero en todos ellos son las mujeres las que constituyen un hogar propio antes que los hombres.

En el mundo nacen menos mujeres que hombres, lo que se traslada, como es lógico, en la misma proporción a la juventud, y se observa también en Europa y en España. Entre los 15 y los 29 años, la tasa de mortalidad es superior entre ellos, debido principalmente a accidentes de transporte, llegando a triplicarse en nuestro país, y a suicidios. Estos datos se insertan en cambios en las tendencias demográficas a lo largo de la vida, las cuales van equiparando paulatinamente el número total de hombres y mujeres.