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Desconecta la ciberviolencia

Lo digital también duele

La ciberviolencia es cualquier forma de violencia que ocurre en entornos digitales: redes sociales, chats, videojuegos, grupos privados o plataformas de contenido.

Puede ser una broma que humilla, una imagen compartida sin permiso, un rumor, un deepfake, una exclusión o un silencio que permite que el daño continúe.

Algunas formas de violencia digital
explicadas por Literal

Manipulación de contenido (Deepfakes)

Manipular imágenes, vídeos o audios para dañar a alguien es violencia digital. Que sea falso no significa que no haga daño.

Humillación disfrazada de broma

Memes, comentarios o mensajes que hacen daño aunque “solo fueran una broma”. No todo lo que hace gracia deja de hacer daño

Control en relaciones digitales

Pedir contraseñas, revisar móviles o exigir respuestas no es confianza. Controlar es ciberviolencia.

Stalking digital

Vigilar constantemente la actividad de alguien, revisar sus perfiles, controlar sus conexiones o seguir todos sus movimientos online también es una forma de violencia.

Normalización del daño digital

Restar importancia con frases como “es solo online” o “no es para tanto” puede hacer que el daño siga y se invisibiliza. Lo que pasa online también tiene impacto real.

Pasividad colectiva

Ver una situación de violencia digital y no intervenir también influye. El silencio también refuerza.

Culpabilización de la víctima

Responsabilizar a quien sufre la violencia por su comportamiento, imagen o decisiones. Nada justifica la violencia digital.

Voces que también
desconectan la ciberviolencia

Nadia Vilaplana

Una broma, un comentario o compartir algo sin pensar puede hacer mucho daño. La ciberviolencia existe, y dejar de normalizarla es responsabilidad de todas y todos.

Yunimat

Una broma también puede hacer daño real y no todo lo que se normaliza o se pasa por alto es aceptable. También hay que saber actuar cuando somos testigos de una situación así.

¿Y si lo ves? Tu reacción también cuenta

No hace falta tener la respuesta perfecta para actuar. A veces basta con no compartir, no seguir la broma, apoyar a quien lo está pasando mal o pedir ayuda.

La ciberviolencia no siempre empieza con una gran agresión. Muchas veces crece porque otras personas la comparten, se ríen, miran hacia otro lado o piensan que “no es para tanto”.

Pero cada reacción cuenta. Y pequeñas acciones también pueden frenar el daño.

¿Necesitas ayuda?

  • Habla con una persona adulta de confianza

    Una madre, un padre, alguien de tu familia, profesorado o cualquier persona adulta con quien te sientas seguro/a puede ayudarte a acompañar la situación. También puedes acudir a tu centro educativo: tutorías, orientación o mediación escolar pueden ayudarte a actuar de forma segura.

  • Contacta con recursos especializados

    Existen servicios gratuitos y profesionales preparados para ayudarte si estás viviendo o viendo una situación de ciberviolencia.

    Puedes hablar, preguntar o pedir orientación aunque no tengas claro qué hacer.

  • Puedes denunciar y pedir que se retire

    En la propia red social, plataforma o aplicación donde ocurre. Muchas plataformas tienen herramientas para reportar contenido, perfiles falsos, amenazas o imágenes compartidas sin permiso.

  • Guarda pruebas antes de borrar nada

    Capturas, mensajes, perfiles o enlaces pueden ser importantes si necesitas apoyo, denunciar o explicar lo ocurrido.

    Guardar pruebas no es exagerar: es protegerte.

Tus derechos digitales importan

Internet no es un lugar sin normas.

Lo que haces, compartes o recibes online también tiene que respetar tus derechos.

Tu imagen, tus datos, tu intimidad, tu identidad y tu bienestar no desaparecen cuando entras en una red social, un chat, un videojuego o una plataforma digital.

  • No eres solo un perfil

    Detrás de cada cuenta hay una persona. Por eso, tu identidad digital también forma parte de quién eres: tu nombre, tus fotos, tus publicaciones, tus mensajes, tus gustos, tus relaciones y la información que otras personas pueden ver sobre ti.

    Todo eso tiene valor y merece respeto.

  • Tu privacidad no es un detalle

    Tus datos personales no son solo tu dirección o tu teléfono. También pueden ser tu imagen, tu ubicación, tus hábitos, tus contactos, tus publicaciones o la información que compartes sin darte cuenta.

    Cuidar tu privacidad significa poder decidir qué compartes, con quién y para qué.

  • Manipular imágenes, audios o vídeos

    Una foto, un vídeo, un audio o una captura pueden decir mucho de ti.

    Que algo esté en internet o en un grupo no significa que cualquiera pueda usarlo como quiera.

    Tu imagen forma parte de tu identidad y debe respetarse también en entornos digitales.

  • Tienes derecho a entender lo que pasa con tus datos

    Cuando usas una app, una red social o una plataforma, no solo estás viendo contenido: también estás dejando información.

    Saber qué datos compartes, cómo se usan o quién puede verlos te ayuda a tomar mejores decisiones online.

  • Las plataformas también tienen responsabilidades

    Las redes sociales, aplicaciones y plataformas no son espacios sin límites.

    También deben ofrecer mecanismos para proteger a las personas usuarias, informar sobre sus normas y actuar ante determinados contenidos o comportamientos.

  • Conocer tus derechos también es cuidarte

    Saber que tienes derechos digitales no va de aprender leyes de memoria.
    Va de entender que tu dignidad, tu privacidad y tu seguridad también importan en internet.

    Porque lo digital también es real. Y tus derechos también cuentan online.

Para saber más

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Y a veces, simplemente necesitas que alguien te escuche sin juzgarte.

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