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Cuánto controlas de… los videojuegos

Los videojuegos se han convertido en una forma muy popular de diversión, sobre todo, para los jóvenes y adolescentes. Una opción de entretenimiento interactiva en la que participamos a través del teclado y de mandos (conocidos también como controles o joystick) y gracias a los que simulamos experiencias, cada vez más realistas, a través de una pantalla; sea del móvil, de la tableta o del ordenador.

Una opción de ocio a la que, con el auge de la tecnología y el avance vivido por esta industria, cada vez es más fácil acceder en línea y que se nos muestre de distinta forma, tanto por temática, como por la complejidad de la misión a cumplir o por la calidad gráfica que nos ofrece. Pueden variar enormemente en términos de género, estilo de juego o en la plataforma a través de la que competimos, pudiendo optar por desarrollos de acción, aventuras, rompecabezas, estrategia, simulación, deportes e infinidad de otras opciones.

Es muy fácil usarlos, tan solo hay que conectar el dispositivo principal (una consola, un ordenador, tableta o móvil) y, a través del mando, enviamos las órdenes para que los personajes se muevan y vayan cumpliendo con las diferentes acciones y misiones; reflejándose estas en la pantalla que estemos utilizando y dónde vemos cómo discurre el juego.

La diferencia respecto a otras preferencias de diversión es que, aquí, al ser algo interactivo, nos involucramos activamente con el contenido. Han sido diseñados para la inmersión de los jugadores en ese mundo virtual y ofrecerles, sea en solitario o en versión multijugador, una experiencia interactiva y divertida.

Ha calado, y mucho, entre nosotros los jóvenes, llegando a jugar, dependiendo de cada uno, más de 3 horas diarias. Pero no solo se ha convertido en una de nuestras primeras opciones de ocio, sino que, además, como explican desde la Fad Juventud en su investigación “Videojuegos y jóvenes: lugares, experiencias y tensiones”, consumimos contenidos sobre los propios juegos y sus jugadores.

Un fenómeno asentado y extendido hacia el que los jóvenes nos sentimos muy atraídos. Mirando, incluso, a esta industria como opción de futuro profesional. De hecho, somos muchos los que nos planteamos evolucionar de “simples” usuarios a  gamers, es decir, a jugadores profesionales. Una opción en la que ganamos dinero por jugar con videojuegos, ir a ferias, competir, y probar los nuevos desarrollos para certificar qué les falta, qué se puede mejorar o por qué pueden llegar a ser considerados todo un éxito.

Además de aprovechar las plataformas y redes sociales para retransmitir las jugadas, las partidas y compartir trucos durante las horas de juego. Y es que, a muchos de nosotros no solo nos gusta jugar, sino también ver a otros jugando.

Una industria potente, que sigue creciendo y en la que los jugadores profesionales tienen un sueldo consistente —además de optar a cuantiosos premios—. Son considerados estrellas, mueven a millones de seguidores y tienen a potentes marcas como patrocinadores.

Mientras el juego de azar o gambling tiene la motivación externa de ganar dinero a través de las apuestas, los videojuegos, conocidos como gaming, mantienen una relación directa con la base del juego tradicional: la diversión y el entretenimiento. En los videojuegos tenemos control sobre lo que estamos haciendo, ganar o perder depende de nuestras habilidades y no de la suerte de acertar apostando. Nos exige desarrollar cierta estrategia.

Al final, para afrontar esos juegos desafiantes y creativos que se nos proponen, debemos desarrollar el pensamiento estratégico y la toma de decisiones, que son algunos de los beneficios de los videojuegos, junto a que ayudan a desarrollar habilidades cognitivas, como la resolución de problemas, y la mejora de la coordinación mano-ojo.

Nos encontramos que los videojuegos nos dan entretenimiento y diversión, pero también beneficios como los señalados, o el desarrollo de la imaginación al vernos inmersos en mundos en los que tenemos que experimentar situaciones imaginarias. Además, como algunos requieren de habilidades matemáticas, lógica y planificación para su resolución , fomentan también esas capacidades.

La posibilidad de jugar en línea en modo multijugador nos ayuda a socializar, conectando con otros que tienen intereses similares y con los que podemos compartir cosas en común. Mejoran las habilidades socio emocionales y nos permite aprender, en un ambiente lúdico y de confianza, nuevas formas de comunicarnos y de disfrutar de la presencia de los otros; generando lazos de amistad y hasta redes de apoyo.

Gracias a la herramienta con la que personalizamos y customizamos el entorno de juego y a nuestro avatar, fomentamos la imaginación y la exploración creativa. Nos permite expresar nuestra creatividad y diseñar personajes, historias o, incluso, niveles de dificultad.

Pero no olvidemos que, aunque, con control, es una buena forma de pasar el tiempo libre, esa diversión puede llegar a tener consecuencias negativas, impactando en nuestra salud —física y mental— y en nuestro bienestar. Pero con el riesgo de acabar en un uso problemático, o incluso en adicción, si no somos capaces de desarrollar un gran autocontrol y una adecuada gestión de nuestro tiempo.

Los jóvenes, todavía en proceso de desarrollo, presentamos una mayor vulnerabilidad ante los riesgos en el uso de videojuegos. Esta inmadurez del desarrollo puede limitar nuestra capacidad para organizar y gestionar de forma adecuada nuestro tiempo, y dificultarnos un adecuado control en el empleo de las pantallas.

Según el Informe sobre Trastornos Comportamentales, los estudiantes con un posible trastorno le dedican a esta actividad, de media, más de 5 horas en un día. O, como refleja el Estudio sobre el Impacto de la Tecnología en la Adolescencia, elaborado por Unicef, más de 7 horas por semana.

Una tendencia alcista que se vio potenciada por la pandemia y los confinamientos. Sin clase, sin poder salir de casa y con muchas de las actividades habituales restringidas o canceladas, los videojuegos se convirtieron en la vía de escape o de “quedada” con los amigos. Además de la única posibilidad de encontrar nuestro hueco y de “desconectar” de la familia.

Un elevado consumo de videojuegos y un patrón de comportamiento, llamado también Gaming Disorder, que ofrece características suficientes para ser considerado como una adicción. De hecho, ha sido definida como enfermedad mental por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11).

Además, se trata de un problema extrapolable que podría llegar a acercar a los jóvenes a los juegos de azar y las apuestas. De hecho, una de las grandes críticas que reciben los videojuegos es la existencia en ellos de las “loot boxes” o cajas botín y cuya mecánica recuerda mucho a los juegos de azar, combinando recompensas aleatorias, monedas virtuales, diseño atractivo y engañoso y sesgos cognitivos (interpretación irracional de la percepción de la realidad).

Antes, la industria ganaba dinero cuando se compraba el desarrollo, pero  hoy en día los videojuegos online han amplificado las posibilidades de juego, y también las de ganar dinero. Por ejemplo, con las pequeñas transacciones que hacemos para desbloquear contenido, comprar un disfraz a nuestro avatar o nuevas armas, por ejemplo… y la citada caja botín.

Estas las podemos conseguir gratis por completar tareas y alcanzar objetivos (sirviendo de enganche para las de pago) o también pagar por ellas con dinero real. Y, hasta que no son tuyas, no puedes abrirlas para saber lo que contiene.

No pierdas la partida

El acceso ilimitado a Internet que existe hoy en día, nos permite jugar desde cualquier parte y a lo que queramos.

Recibimos refuerzos positivos por avanzar en logros, superando niveles y retos, afrontando desafíos y logrando las recompensas que refuerzan esa positividad del juego. Un ocio en continua transformación que está íntimamente unido a nuestros intereses, gustos y forma de vida. Que, como nos explican en la publicación El ocio digital de la población adolescente de Fad Juventud, el ecosistema tecnológico digital está inextricablemente entrelazado en las formas y modos de vida de adolescentes y jóvenes.

Por eso, el factor adictivo llega también con la competitividad que te mueve, no solo buscar el ganar, sino a quedar mejor que los otros.

Todo ello acompañado de unos recursos audiovisuales muy atractivos (realidad aumentada, sofisticados soportes gráficos y software, un desarrollo argumental con guionistas…), convirtiendo los videojuegos en atractivos elementos que están logrando atraer a una cantidad exponencial de usuarios.

Aunque puede impactar en jóvenes de cualquier edad, lo cierto es que la franja más vulnerable está, por temas de desarrollo y madurez, en torno a los 15 años. De hecho, según el Informe sobre Trastornos Comportamentales, de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, entre el total de los estudiantes, las mayores prevalencias se registran en los alumnos de 14 y 15 años.

En ese total, cerca del 90% de esos estudiantes declara haber jugado en los últimos 12 meses a videojuegos, y en su mayoría han optado por los eSports; aunque muchos también han querido ser espectadores mientras otros jugaban. Es un ocio tan instaurado que 1 de cada 5 adolescentes (mayoritariamente chicos) creen que podría llegar a ser un gamer profesional, lo que evidencia la fuerte implantación de los videojuegos en la cultura juvenil.

Pero el peligro va más allá de la cantidad de horas que les dedicamos, ya que debemos fijarnos también en el tipo de contenido al que se tiene acceso, con mucha frecuencia: violencia, autolesiones, ideas suicidas, contenido erótico, lenguaje ofensivo, premios constantes… Algo inadecuado para estas edades y que normaliza ciertos comportamientos inapropiados, violentos o machistas, por ejemplo.

Y aunque no todos los videojuegos suponen el mismo grado de exposición a contenidos no apropiados, sí que es verdad, según el estudio de Unicef sobre el Impacto de la Tecnología, más del 50% de los adolescentes que juega habitualmente, lo hace a videojuegos designados por la Pan European Game Information (PEGI) como no adecuado para menores de 18 años.

Y es que esta adicción a los videojuegos es un problema complejo que puede tener numerosas causas. Debemos empezar a preocuparnos si se evidencian aspectos como la falta de control sobre el juego: este nos controla a nosotros, no sabemos poner límite ni medir cuánto jugamos, se convierte en nuestra prioridad, abandonando otras cosas que debemos y podemos hacer; no sabemos parar…

Pero, más allá de lo que se hace, es muy importante lo que se deja de hacer. Ya que abandonamos actividades como leer, bailar, salir de compras y a pasear, o a discotecas, entre otras, con tal de seguir jugando.

Al convertirse en nuestra actividad principal, podemos caer en muchos casos en el aislamiento social, estando solo delante de la pantalla. E, incluso, puede ser nuestra vía de escape para olvidar cierta tristeza y frustración de la “vida real”.

Algunas de las causas de adicción más comunes son:

  • Escapar de la realidad. Podemos llegar a usar los videojuegos como una forma de evasión de los problemas de la vida diaria; haciéndonos olvidar la ansiedad, el estrés o la presión social que nos rodea. Al sumergirnos en este mundo virtual, llegamos a sentirlo como un lugar seguro donde no tenemos que afrontar ciertos peligros de la realidad.
  • Estimulación constante. Los videojuegos han sido diseñados para ser emocionantes y desafiantes. Muchos ofrecen una experiencia de juego sin interrupciones, lo que nos puede tener absortos y motivados para seguir jugando. Esa estimulación constante puede ser adictiva y podemos llegar a sentir que necesitamos jugar más para seguir con la emoción y el desafío.
  • Necesidad de logro. Los videojuegos pueden llegar a ser muy gratificantes, ya que nos permiten sentir que hemos logrado algo significativo; sobre todo, al completar misiones o alcanzar objetivos y premios. Y esa necesidad de logro puede ser tan fuerte que se llegue a convertir en obsesión.
  • Aislamiento social:  los videojuegos pueden ser también una forma de aislamiento social. Si nos cuesta hacer amigos o interactuar con los compañeros, llegamos a buscar la interacción social en el juego online, ya que la pantalla nos protege y rompe esa barrera de entrada que tanto nos cuesta. Y nos gusta esa forma de hacerlo.Conectamos con otros jugadores con intereses similares y que están dispuestos a pasar tiempo en línea con nosotros. Y nos sentimos bien así, es fácil y rápido. El riesgo está en que esa conexión virtual llegue a reemplazar las relaciones sociales reales, lo que puede derivar en una mayor sensación de aislamiento y soledad.

Game Over

La adicción a los videojuegos puede tener graves consecuencias para la salud mental y el bienestar. Los jóvenes que manifestamos esa obsesión por jugar, tenemos los videojuegos como nuestra actividad dominante en la vida diaria, anticipando la próxima partida y sin ser capaces de controlar su uso.

Queda patente en síntomas como un pensamiento abusivo sobre el videojuego, fantasear constantemente sobre partidas o recordar las que ya se han jugado. A ello se suma dedicar más de 4 horas seguidas a los videojuegos, priorizarlos por encima de otras actividades, pérdida del control del tiempo y no saber gestionar de forma sana el resto de nuestras tareas.

Algunas de esas consecuencias más comunes pueden ser:

  • Problemas de salud mental. Los videojuegos son una forma popular de entretenimiento, pero cuando se convierten en obsesión, pueden tener graves consecuencias para nuestra vida, y pueden llegar a tener un impacto significativo en nuestra salud mental.La falta de sueño, el aislamiento social y la falta de actividad física pueden contribuir a la depresión y a la ansiedad. Además, los jóvenes adictos a los videojuegos podemos tener dificultades para regular nuestras emociones, lo que puede derivar en comportamientos agresivos o explosivos.Es el caso de la ira desmesurada que llegamos a sentir por haber perdido una partida o por no conseguir los resultados que queríamos. Una agresividad que incluso proyectamos sobre los que vienen a interrumpir nuestro juego; por ejemplo, reclamándonos para cenar, para ir a clase o acostarnos.
  • Problemas de salud. La adicción a los videojuegos puede tener también un impacto negativo sobre nuestra salud física. Nos obligan a mantener una actividad muy limitada, casi sedentaria, y un estilo de vida poco saludable, incrementando el riesgo de obesidad, enfermedades cardíacas y diabetes.Podemos experimentar también dolores de cabeza, óseos y articulares, fatiga ocular y problemas posturales debido a la cantidad de tiempo que pasamos sentados frente a una pantalla, con movimientos repetitivos o con una posición determinada.
  • Problemas académicos. Pensar solo en jugar y en dedicar nuestro tiempo a ello, puede acabar teniendo un fuerte impacto negativo en nuestro rendimiento académico.Llegamos a descuidar nuestras responsabilidades escolares (no estudiamos, no hacemos los trabajos…), lo que lleva a una disminución en el rendimiento y, posiblemente, a la repetición de curso. Un fracaso escolar consecuencia de las dificultades para concentrarse y mantener la atención en las tareas.
  • Problemas sociales. La adicción a los videojuegos puede tener un impacto negativo en las relaciones sociales. Nos divierte tanto jugar que perdemos el interés por pasar tiempo con amigos y familiares, lo que puede llevar a la soledad y el aislamiento social.Según refleja el estudio de Unicef sobre el impacto de la tecnología en adolescentes, los niveles de bienestar emocional, integración social y satisfacción con la vida son inferiores entre quienes presentan una posible adicción a los videojuegos. La tasa de depresión grave es casi el triple.Además, podemos llegar a tener dificultades para establecer relaciones sociales saludables, lo que puede afectar a nuestra capacidad de interactuar con los demás en el futuro.A ello le podemos sumar el dejar de cumplir las tareas domésticas acordadas y eludir las responsabilidades familiares. Solo queremos jugar. Es un patrón de comportamiento y pensamiento por el que la calidad de vida y la autonomía de la persona se ve limitada por la necesidad constante de juego.
  • Problemas financieros. Puede llegar a ser una forma costosa de entretenimiento, especialmente cuando gastamos grandes cantidades de dinero en compras dentro del juego o en hardware específico. Lo que puede afectar a la capacidad de llevar una vida independiente.
  • Problemas de adicción “extras”. Los videojuegos pueden llevar a una adicción a otras sustancias o comportamientos. Podemos llegar a recurrir a otras actividades para experimentar la misma emoción que sentimos cuando jugamos a videojuegos.

Sin olvidarnos que esta adicción no solo afecta a los jóvenes, sino que puede impactar también, aunque en menor medida, en adultos. Derivando en problemas familiares, laborales y de relación.

Si quieres ampliar más información, no dudes en entrar a conocer nuestros estudios sobre videojuegos y ocio digital.

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