Saltar al contenido
  • Colabora
    • Haz un donativo
    • Sorteo Viaje 40 Aniversario
    • Herencias y legados
    • Voluntariado
    • Colabora como empresa
  • Hazte socio

Psicofármacos

  • Fad Juventud
  • Adicciones y otras conductas de riesgo
  • Adicciones con sustancia
  • Psicofármacos

Cuánto controlas de los… psicofármacos

Cuando se atraviesa un momento vital, difícil, contradictorio, muchas cosas se nos hacen cuesta arriba. La preocupación ante un futuro incierto crece; estudios, situación laboral… Luchar por nuestras prioridades y deseos, gestionar la frustración de no conseguirlos, enfrentarnos a retos, a la solución de nuestros problemas y conflictos…  producen tensiones que necesitamos aliviar.

Estas situaciones de angustia personal, agudizadas tras la COVID-19, pueden acabar afectando a nuestra salud mental, y provocando la necesidad de buscar apoyos para encontrar de nuevo nuestra estabilidad.

Entonces, tras la adecuada valoración profesional y contar con la prescripción médica, podemos recurrir a los llamados psicofármacos. Que, utilizados de forma correcta, se han convertido en herramientas muy útiles para luchar contra la ansiedad, el insomnio, el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), la depresión, trastornos delirantes, enfermedades maniaco-depresivas, esquizofrenia o problemas afectivos, entre otros.

De uso legal, influyen en nuestros procesos mentales, propiciando cambios en el comportamiento. Es decir, tienen un efecto estimulante o sedante, según lo que la persona necesite. Antipsicóticos, estabilizadores del estado de ánimo, antidepresivos, anti maniacos, psicoestimulantes… O los prescritos para reducir la ansiedad, como los ansiolíticos, o para inducir al sueño.

El problema surge al consumir sin prescripción médica. Y, en España, según los datos del Barómetro Juvenil del Centro Reina Sofía de Fad Juventud, la mitad de los jóvenes que reconoce haber tomado psicofármacos, los consume sin prescripción médica.

Debemos trabajar en buscar qué es lo que nos hace sentir mal y por qué y, así, encontrar la solución adecuada; y en ocasiones duradera, ya que se pueden llegar a administrar durante un tiempo mayor que otros fármacos.

El problema surge cuando empezamos a consumir sin prescripción médica, sin estar asociado a una enfermedad mental. Y, en España, según los datos del Barómetro Juvenil elaborado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud, la mitad de los jóvenes que reconoce haber tomado psicofármacos, los consume sin prescripción médica, y sin tener un trastorno asociado. Algo que se acentúa en el caso de los hombres y en la población con edades comprendidas entre los 15 y 19 años, rozando estos valores el 60%. De hecho, tenemos el dudoso mérito de ser el país que más benzodiazepinas toma del mundo; empleadas para tratar la ansiedad, el insomnio o los trastornos emocionales.

Muchos buscan regular las emociones y el estrés del día a día, recomendados por un colega, se ven como una solución rápida y fácil para sentirse mejor. Y otros están viviendo sus primeros coqueteos con el consumo de sustancias, y estas son baratas y de relativo fácil acceso.

Pero pasar de un uso justificado bajo prescripción médica a uno sin control, puede conducir a problemas e incluso a la llamada “adicción silenciosa”, que puede afectar tanto de forma fisiológica (a diferentes órganos de tu cuerpo), como cognitiva (pensamiento recurrente hacia el consumo) y conductual (realizando acciones para conseguir ese consumo).

¿Quieres saber más?

Los psicofármacos son sustancias estimulantes o depresoras y, dependiendo del fármaco y de su familia de procedencia, pueden ser un derivado del ácido barbitúrico o malón, o de una benzodiacepina.

Se conocen como ansiolíticos, antipsicóticos, antidepresivos, diazepam, bromazepam, benzodiazepinas, pisco-fármacos, cocktails farmacéuticos, barbs, benzos, balas azules, dulces, downers, gorilas, planks, píldoras para dormir, pink ladies, totem poles, tranks, zanies y z-bar.

Y su origen lo encontramos en la prometazina, considerada el primer psicofármaco a partir del que surgieron las expectativas de tratamiento de las enfermedades relacionadas con la salud mental.

Desde entonces se desarrollaron nuevas investigaciones que lograron llegar al litio en 1949, cuyo uso como primer psicofármaco moderno gozó de una gran eficacia como antimaníaco. La revolución llegó con el descubrimiento de la clorpromazina, primer medicamento utilizado para el trastorno psiquiátrico.

Los psicofármacos los podemos encontrar en gotas, grageas, pastillas, ampollas o supositorios y se administran de forma oral, rectal o inyectable.

Usos terapéuticos

Los psicofármacos, como forma de control de distintos trastornos neurológicos y desviaciones del comportamiento, representan uno de los mayores avances terapéuticos de los últimos años. De hecho, la psicofarmacología ha modificado la perspectiva de las enfermedades mentales, logrando que prácticamente todos los que lo necesiten, mejoren gracias a ella, ayudando, incluso, a conseguir un mayor conocimiento de estas enfermedades.

Los psicofármacos que se utilizan con uso terapéutico se pueden dividir en:

  • Ansiolíticos/hipnóticos o sedantes: para controlar trastornos como la ansiedad, depresión, trastorno por déficit de atención (TDA), pánico, bipolaridad, esquizofrenia, angustia, insomnio… Los que se recetan con más frecuencia, porque tienen menos efectos secundarios, son las benzodiacepinas. También los barbitúricos son depresores del Sistema Nervioso Central (SNC) y eran los más utilizados como agentes ansiolíticos, hasta hace unos años puesto que tenían mayores efectos secundarios.
  • Antidepresivos: para tratar problemas asociados con el estado de ánimo, apatía, tristeza, trastornos depresivos mayores, de conducta alimentaria, de insomnio (en dosis bajas), ansiedad…
  • Antipsicóticos o neurolépticos: se recetan para tratar las psicosis o la esquizofrenia…
  • Antirrecurrenciales o estabilizadores: se prescriben ante trastornos del ánimo, como el bipolar, el trastorno límite de la personalidad o el maniaco-depresivo.

Cómo me voy a sentir

Los psicofármacos son más que necesarios porque ayudan a mejorar, a paliar, los síntomas derivados de una enfermedad o trastorno mental. Consiguen devolver al organismo a su estado natural, incidiendo directamente en las redes neuronales de la persona que los está tomando y logrando que ciertas neuronas se comporten de un modo distinto a cómo lo están haciendo; o lo que es lo mismo, como deben hacerlo.

Sus efectos están íntimamente relacionados con el tipo de sustancia y con su intensidad. Varían según su composición química, las dosis prescritas y la sensibilidad que tiene quien las toma. Cuando está bien pautado, es muy beneficioso para el paciente, por ejemplo, puede dejar de captar una dosis alta de dopamina o inhibir la de serotonina para que la persona mejore.

Controlan los grandes síntomas o síndromes de los trastornos mentales, como la agitación, la ansiedad o la depresión, y en algunos casos parecen conseguir la curación de la enfermedad. Al actuar sobre el Sistema Nervioso Central, pueden producir un efecto sedante, de relajación muscular y somnolencia o disminuir el estado de alerta. Lo que el paciente requiera.

Pero si se toman sin pauta médica y no se controlan, pueden derivar en excitabilidad, desinhibición, tensión muscular, trastornos del sueño e incluso ciertas muestras de agresividad. Incluso puede llevar a la pérdida de memoria a corto plazo, disminución de los reflejos y del estado de alerta. Y en dosis altas, confusión, descoordinación, náuseas y aturdimiento. Disminuyen la respiración, volviéndola más lenta y, en casos de sobredosis, puede llevar al coma.

Sus efectos están íntimamente relacionados con el tipo de sustancia y con su intensidad.

Varían según su composición química, las dosis prescritas y la sensibilidad que tiene quien las toma.

Qué me puede pasar

Bajo prescripción médica, el beneficio de los psicofármacos para tratar ciertos trastornos mentales es claro; aunque el profesional debe revisar cada cierto tiempo el tratamiento, valorando si sigue siendo necesario.

Así, bajo su supervisión, no tienen por qué tener mayores consecuencias y se minimiza el riesgo de dependencia, provocando delirios e ideas suicidas. Además de alucinaciones, ansiedad, agitación, dolores musculares y de cabeza, náuseas, temblores y palpitaciones e irritabilidad. Su retirada progresiva, lo podría evitar.

Y aunque algunos de los psicofármacos no generan dependencia física, sí que hay un mayor riesgo de dependencia psicológica. Es decir, se puede llegar a vivir con el temor a que, si no lo tomamos, no seremos capaces de hacer nada. Nos aportan calma, idealizándolos como solución a nuestros problemas. Algo que puede derivar en cambios en el estado de ánimo, apatía y depresión; además de hiperactividad y agresividad. Y, encima, tendremos malestar durante y después de su consumo. Es vivir antes de tiempo el síndrome de abstinencia.

Un uso descontrolado, a pesar de estar pautado, aumenta la posibilidad de generar cierta tolerancia y tener que recurrir a una cantidad mayor para lograr el mismo efecto. Lo que va ligado a cierta agresividad y a un deterioro físico-psíquico (anemia, hepatitis, depresión o falta de coordinación psicomotora).

Se debe valorar su uso continuado y las dosis, porque puede pasar de ayudar a controlar un trastorno mental, a ser consideradas sustancias de abuso: de un consumo pautado a uno sin control.

Pero, sobre todo, pueden llegar a ser peligrosos sin vigilancia médica, ya que tienen una actuación directa sobre el cerebro. Corriendo el riesgo de convertirse en adicción, como ocurre con los psicofármacos que calman la ansiedad o ayudan a dormir. Con el impacto que tiene ese consumo en las relaciones familiares, de pareja y sociales, o en el rendimiento en el trabajo y en los estudios ante la falta de atención y memoria.

Pero, a pesar de los riesgos, los psicofármacos siguen siendo populares entre los jóvenes, sobre todo para aquellos que buscan un subidón más intenso, llegando a mezclarlos con cafeína o con alcohol. O usándolos como sedantes, con un efecto casi anestésico.

Además, los psicofármacos pueden:

  • Provocar disminución de la presión arterial y alteraciones en la memoria.
  • Incrementan el riesgo de sufrir accidentes laborales o de tráfico.

Es necesario valorar su uso continuado y evaluar las dosis, porque puede pasar de ayudar a controlar un trastorno mental, a ser consideradas sustancias de abuso: de un consumo pautado a uno sin control. En cambio, bajo prescripción médica, es un gran beneficio.

Su consumo está a la orden del día, se consiguen fácilmente y son baratos. Además, los que los toman muchas veces creen que controlan. Y eso que el concepto de riesgo asociado a este consumo es fuerte para ambos sexos, tanto si el consumo es ocasional como si es habitual.

Yo controlo. Yo mido el riesgo

Para reducir los riesgos asociados al consumo de psicofármacos, es importante tener claro que no se deben tomar si no nos los ha prescrito un médico. El peligro está en que mucha gente no los reconoce siquiera como drogas y las recomienda con mucha facilidad, porque a ellos les han ido bien.

¡No olvides!

No olvides que los enfoques de reducción del riesgo, al final, van dirigidos a personas consumidoras que pretendemos mejorar la autogestión de nuestros consumos para disminuir la probabilidad de aparición de problemas asociados (emocionales, sociales y sanitarios).

  • Son actuaciones próximas a la prevención, que nos aconsejan desde los ámbitos profesionales como medidas para la promoción del bienestar y la protección de la salud individual y la salud pública.
  • Según este enfoque, es importante tener siempre recomendaciones prácticas y cercanas a nuestras situaciones de consumo, y que podamos poner en marcha nosotros mismos y en nuestro entorno.

Por lo tanto, de acuerdo con estas recomendaciones, ten en cuenta siempre que…

  • No debemos consumirlos sin control médico, son una práctica muy arriesgada que puede tener consecuencias graves para la salud.
  • No debemos automedicarnos nunca, ni cambiar las dosis recomendadas.
  • No haremos caso a recomendaciones de amigos. Conciénciate de los efectos negativos y no consumas porque a otro le ha venido bien. Es algo muy serio y las consecuencias pueden ser nefastas.
  • No podemos dejarlos por nuestra cuenta, sin una pauta médica de retirada. Ni tomarlos de forma excepcional, sólo cuando nos sintamos mal. Una vez establecida la dosis, debemos respetarla.
  • Sería perfecto completar el tratamiento con la ayuda de un psicólogo y de familiares y amigos, así seguiríamos el tratamiento de forma ordenada y la duración de este podría ser menor; evitando riesgos de efectos secundarios innecesarios.
  • Debemos evitar un consumo diario y un uso excesivo, inadecuado y descontrolado.
  • No consumir alcohol u otras drogas, si se sigue un tratamiento. Acuérdate de los efectos secundarios. Consumidos con alcohol, se puede aumentar o disminuir su absorción, lo que altera su efectividad o potencia los efectos secundarios. Y en dosis elevadas, la combinación de benzodiacepinas y alcohol puede ser mortal.

Y con sustancias como ciertos antidepresivos, produce falta de coordinación, amnesia y somnolencia.

  • Si notas sueño o descoordinación, alguno de los efectos secundarios más notables, no conduzcas ni utilices maquinaria pesada y peligrosa.

Y, cuánto nos gustan …

España, junto con Portugal, es uno de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que más psicofármacos consume. De hecho, desde hace unos años, nos encontramos en los primeros puestos en el consumo de ansiolíticos y antidepresivos, por encima de la media europea. Una ingesta que, tras el inicio de la pandemia de la COVID-19, aumentó por la incertidumbre, la ansiedad, la depresión, los trastornos de sueño y otros efectos colaterales.

Las dificultades de la vida diaria, de la sociedad en general y de los jóvenes en particular, incentiva el consumo, sea pautado o no. El querer siempre estar a la altura o el vértigo ante un futuro incierto… han incrementado la tendencia.

De hecho, como reflejan los últimos datos recogidos en el informe EDADES, el consumo de sustancias como los hipnosedantes alguna vez en la vida, sigue su curva creciente, alcanzando máximos superiores al 20%.

La edad media en la que los estudiantes se inician en el consumo de este tipo de sustancias psicoactivas, son los 14,1 años.

La edad media en la que los estudiantes comienzan en el consumo de este tipo de sustancias psicoactivas, según ESTUDES, está en torno a los 14 años. Y según el sexo, se toman más entre chicas, que entre los chicos.

Se trata, además, de un consumo que evoluciona con la edad, es decir, que se recurre más a él según subimos en años, resultando de esta forma más elevado en el grupo de 18 años, con independencia del tramo temporal.

El problema radica también en los casos en los que se consume sin supervisión médica, teniendo también mayor relevancia según aumenta la edad de las estudiantes. En este sentido, la diferencia que hay entre las prevalencias de consumo de las alumnas de 14 años y las de 18 es de algo más de los 5 puntos porcentuales. Y esa prevalencia en los chicos en los tramos temporales de los últimos 12 meses o los últimos 30 días no supera el 10 % en ningún grupo de edad.

No te compliques la vida

La ley establece que los psicofármacos solo pueden comprarse/venderse bajo receta médica. Son sustancias legales, pero solo están permitidas con prescripción y para una finalidad terapéutica; y su venta debe realizarse en las oficinas de farmacia.

Eso sí, su promoción, tráfico o venta fuera del entorno médico, está perseguido, ya que el Código Penal las reconoce como “drogas que causan un grave daño en la salud”. Por lo que aquellas personas que favorezcan o faciliten su consumo, pueden ser multadas.

Por sus efectos secundarios en muchos casos, conducir bajo sus efectos puede ser una conducta sancionable con hasta seis meses de cárcel o multa de trabajos en beneficio de la comunidad. Y, en cualquier caso, con la retirada del carné por tiempo superior a uno y hasta cuatro años.

Servicio gratuito de Información y Orientación de Fad

900 161 515
consultas@fad.es
681 155 160
Videoconferencias

Servicio gratuito de Información y Orientación de Fad

900 161 515
consultas@fad.es
681 155 160
Videoconferencias

Dirección:

Avenida de Burgos 1. 28036 Madrid

91 383 83 48

fad@fad.es

Servicio de Información y Orientación de Fad Juventud:

900 16 15 15

consultas@fad.es

Descubre más sobre nosotros:

  • Aviso legal
  • Política de privacidad
  • Política de cookies
  • Mapa web
© 2025 Fundación Fad Juventud
Inscrita en el Registro único de Fundaciones del Ministerio de Justicia con el nº 370
Calificada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) como ONGD Generalista
Cuentas anuales auditadas por Deloitte
C.I.F G-78350980
Contacto: fad@fad.es
  • Inicio
  • ¿Quiénes somos?
  • Investigación
  • Cooperación
  • Campus
    • Programas
    • Formación online
  • Sensibilización
  • Información y Orientación
  • Revista Metamorfosis
  • Adicciones y otras conductas de riesgo
  • Sala de Prensa
  • Planeta Joven
  • Contacto

  • Aviso legal
  • Política de privacidad
  • Política de cookies
  • Mapa web