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Cocaína y otras sustancias estimulantes

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Cuánto controlas de… cocaína y otros estimulantes

Los estimulantes tienen un importante efecto activador sobre el Sistema Nervioso Central (SNC), acelerando el funcionamiento habitual de nuestro cerebro, potenciando nuestro rendimiento fisiológico y haciéndonos sentir cargados de energía, colocándonos en estado de alerta y euforia.

Entre esas sustancias, encontramos las xantinas estimulantes legales con componentes como cafeína, teofilina, teobromina, café, nuez de cola, principios activos de las hojas de té o la yerba mate, entre otras. Su efecto no es tan potente como el de la cocaína, pero permiten reducir el cansancio y el sueño e, incluso, incrementar nuestro rendimiento físico y mental.

La más consumida de todas es la cafeína, que encontramos en el café, en refrescos, chocolate, alimentos, medicamentos (como antihistamínicos, para compensar su efecto sedante) y en el té, en forma de teína.

Con una extensa aceptación social y un consumo más que normalizado, esa cafeína está presente también, y en elevadas concentraciones, en las bebidas energéticas. Conocidas como funcionales o revitalizantes, al tomarlas, nos sentimos más activos y con mayor concentración mental. Quizás por eso, su consumo se ha extendido mucho, sobre todo entre aquellos jóvenes que buscan activación o aumentar su rendimiento.

La cocaína es muy tentadora. Su intensa sensación de placer, de euforia, poder y autoconfianza, engancha.

Pero la sustancia estimulante por excelencia es la cocaína, una droga ilegal que proviene de las hojas secas de la planta de la coca y que da al que la consume una intensa sensación de poder y energía. Se toma, comúnmente, inhalada o esnifada, aunque también se puede fumar o inyectar. Y la encontramos en forma de polvo blanco, en bolsas o sobrecitos de papel (papelinas) o en cristales y gránulos de color blanco amarillento/beige como terrones o bolas.

Se puede presentar también como crack (se llama así porque crepita o suena crac cuando se fuma), resultado de cocinar el polvo de la cocaína con bicarbonato o amoniaco y agua; rompiéndolo en trozos pequeños llamados rocas o piedras. Da un “subidón” mucho más intenso y casi inmediato.

Con un alto poder adictivo, su consumo afecta a todas las edades; derivando, incluso, en efectos graves ya a corto plazo. En el caso de los jóvenes es un problema de salud pública, ya que, de media, el primer contacto con la cocaína se produce en torno a los 15 años. Teniendo una mayor prevalencia entre los chicos, según el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA).

Y a pesar de que la gran popularidad de la cocaína fue en los ochenta y noventa, su consumo en España siempre ha sido elevado. Según revela el Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías (EMCDDA), un 11,2 % de la población española de entre 15 y 64 años, es decir, tres millones de personas, ha probado alguna vez esta sustancia tóxica. La cocaína es muy tentadora. Su sensación intensa de placer, de euforia, poder y autoconfianza, engancha.

Xantinas: ¿Quieres saber más?

Se conoce como café, té, guaraná, cacao, cola, mate, bebidas refrescantes, bebidas energéticas, “energy drink”, hipertónicas o moras flora.

Como curiosidades, ¿sabías que el nombre técnico de la cafeína es Trimetilxantina? ¿Que el término científico del cacao es Theobroma y su significado en griego es bebida de los dioses? ¿O que la taurina es un compuesto orgánico que se obtiene mediante procesos sintéticos en laboratorio?

El ginkgo (Ginkgo biloba) es una de las especies de árbol vivo más antigua y el mate se consigue a partir de la infusión de las hojas de yerba mate. O que el polvo de las semillas del árbol de la cola es lo que se usa para refrescos y batidos ricos en cafeína.

En su origen del término xantina es la palabra griega xanthos, que se refiere a algunas bebidas no alcohólicas provenientes de vegetales a partir de procesos de síntesis. Aunque la más conocida es la cafeína, que se extrae de la semilla del cafeto y el té, un arbusto de unos 10 – 15 cm, procedente de India y China.

La fruta tropical con la que se elabora el chocolate es el cacao que, de hoja perenne, se suele encontrar a la sombra de árboles de grandes dimensiones. Originario de la Amazonía, la Paullinia cupana da unas frutas llamadas guaraná ricas en vitaminas y estimulantes.

La taurina es un antioxidante que ayuda a combatir los radicales libres y el estrés oxidativo en el organismo y el ginseng procede del griego Panax, que significa “lo cura todo”.

Los componentes más beneficiosos del ginkgo son los flavonoides, con poderosas cualidades antioxidantes, y los terpenoides, que ayudan a mejorar la circulación. Del árbol de la cola se extraen unas semillas duras llamadas nueces de cola con un alto porcentaje (hasta un 5 %) en cafeína.

Cocaína: ¿Quieres saber más?

Conocida como

  • Cocaína: coca, chino, nieve, farlopa, perico, talco, ralla, tirito, tema, merca, zarpa, dama blanca, blanca, farla, polvo…
  • Crack: base libre, basuco, paco, teke, rocas, chulas, pops, piedras, rirris, niñas, duras, hielos, rock&roll, rockstars, chespi o chifle.

Tiene su origen en un alcaloide extraído de la hoja de la planta de la coca (Erythroxylum Coca). Su producción es sencilla, transformando las hojas de coca en pasta y ésta en clorhidrato. Se elabora con la ayuda de unas sustancias químicas llamadas precursores, entre las que se encuentran éter, ácido sulfúrico, gasolina… Y el producto se mezcla con adulterantes como talco, maicena, anfetaminas, quinina, ácido básico, estricnina, detergentes, formol, etc.

Por eso se habla de que su pureza oscila entre un 5% y un 50%.

Según el proceso y las sustancias empleadas, se obtendrán diferentes derivados: pasta de coca o basuco, clorhidrato de cocaína, base libre (clorhidrato de cocaína con éter y calor elevado, resultando químicamente igual que el crack) y crack.

 

Usos terapéuticos

Desde el punto de visto terapéutico, en lo referente a las xantinas:

  • Cafeína: se utiliza para tratar las migrañas y las cefaleas por su efecto constrictor de los vasos cerebrales.
  • Teobromina: aumenta la cantidad de orina, estimula el corazón y dilata los vasos sanguíneos.
  • Teofiliana: es broncodilatador y con ella se trata el asma bronquial y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
  • Guaraná: tiene propiedades antioxidantes, ralentizando el envejecimiento celular y ayudando a mejorar la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Además de para el tratamiento de la obesidad, la astenia y en convalecencias.

En el caso de la cocaína, aunque originalmente se usó como anestésico, su toxicidad y peligrosidad de adicción, llevaron a abandonarla. Actualmente, está muy restringido su uso terapéutico.

Cómo me voy a sentir

Las sustancias estimulantes impactan directamente en los neurotransmisores cerebrales. Así, al liberar serotonina, dopamina y noradrenalina, activan las funciones fisiológicas, produciendo también agitación, excitación y euforia; ya que sobreestimulan el organismo, cambiando su comportamiento habitual.

En el caso de las xantinas, tienen efectos similares a la vasodilatación de la circulación cerebral. Estimulan el corazón y relajan la musculatura lisa, en particular los bronquios, ayudando con la tos y el asma. También actúan como diuréticos, permitiendo deshacerse de agua y sal. Potencian la atención y la concentración, disminuyendo la fatiga mental y física.

La cafeína alcanza su nivel máximo en sangre una hora tras el consumo, pero se siguen sintiendo sus efectos hasta seis horas después. Su consumo común puede provocar tolerancia, es decir, cierta dependencia física y síndrome de abstinencia. O el efecto contrario al buscado, dificultad para concentrarse.

Cuando buscamos energía y un aumento de la resistencia física y mental, podemos optar por las bebidas energéticas. Más allá de la acidez o el ardor estomacal, también suben la presión arterial, la frecuencia cardíaca y respiratoria. Además de producir ansiedad, irritabilidad, alucinaciones, sudoración, insomnio y mala absorción de calcio en el cuerpo.

El estrés y la ansiedad desaparecen y, como consumidor, te sientes poderoso.

Caso aparte merece la cocaína en sus distintas versiones; aunque las formas de consumo y las condiciones en las que se hace, deben importar. Masticada, esnifada como cristal, en polvo o aplicándola directamente sobre las mucosas, líquida, en vena… la duración de su efecto es corta, se termina en torno a la media hora de haberla tomado, generando la rápida necesidad de una nueva dosis.

El estado de euforia al que nos lleva nos permite estudiar, trabajar, salir de fiesta, socializar y bailar durante horas… Nos mantiene en un intenso ritmo de actividad, gracias al que llegamos a todo. El estrés y la ansiedad desaparecen y, como consumidor, te sientes poderoso. Y esas  sensaciones provocan querer repetir, acrecentando la dependencia psíquica.

En el caso del crack, los efectos son más intensos. Inhalar esta sustancia calentando las bolitas de crack sobre papel de aluminio o fumarla en pequeños tubos de vidrio, la convierte en muy adictiva, incluso desde consumos iniciales. Su efecto es casi instantáneo, alcanzando el placer en segundos. Pero dura poco, con lo que el bajón también es rápido.

El deseo de volver a consumir aparece pronto, potenciando los efectos cardiovasculares,​ psicológicos, hepáticos​ y pulmonares. Necesitas recuperar esa sensación tan intensa, lo que puede conducir al nerviosismo, ansiedad e irritabilidad, o a tener molestias y síntomas como taquicardias, alucinaciones, comezón e incluso paranoia.

Qué me puede pasar

La defensa de que los estimulantes permiten una mayor concentración y rendimiento físico parece implicar el olvido de las consecuencias de su consumo.

Hay riesgos en consumos puntuales que pueden ser peores que la adicción porque impactan en la propia integridad. La dopamina y serotonina liberadas elevan la sensación de placer, pero pueden derivar en la pérdida de control y en desear repetir la sustancia. Una reacción neuropsicológica que se mantiene aun cuando la persona adicta se considere rehabilitada y haya dejado de consumir.

Un consumo habitual puede impactar en la memoria, llegando a tener efecto rebote, reduciendo la atención y otras funciones cognitivas por la pérdida neuronal. Pueden potenciar la deshidratación y los problemas neurodegenerativos y cardiovasculares: hemorragias y trombosis cerebrales, aumento de la presión arterial y la frecuencia cardíaca, accidentes cerebrovasculares o infartos.

Si consumes y enfermas a menudo, considéralo normal. Los estimulantes inciden directamente en el sistema inmunitario, debilitándolo. Lo que se puede traducir en sinusitis, ronqueras y en más procesos gripales y neumonías.

Sin olvidar que, como deteriora el Sistema Nervioso Central, incide en el funcionamiento sexual, pudiendo provocar impotencia.

En el caso de las bebidas energéticas, más allá de la hipervitaminosis o de su exceso de azúcar, tienen sustancias estimulantes como taurina, guaraná, ginseng o ginkgo y un alto porcentaje de cafeína por envase. Y ahí radica el principal riesgo, ya que su ingesta aporta al organismo un nivel de cafeína que puede sobrepasar los niveles considerados seguros; sobre todo, si se beben varias en un mismo día o noche.

Por ello, causan insomnio y otros trastornos del sueño; además de dañar la salud mental, incrementando la ansiedad, la irritabilidad y la agresividad. Un nerviosismo que, en algunos casos, puede desencadenar cuadros de esquizofrenia y psicóticos por la sobreestimulación y la exaltación de las funciones fisiológicas y neuronales; siendo las alucinaciones y la paranoia el efecto más común.

La cafeína en las bebidas energéticas

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) establece como límite seguro para los adultos hasta 400 mg. de cafeína al día.

Un café de 60 m.l tiene una concentración de 80 mg. de cafeína, pero las bebidas energéticas, dependiendo de la marca, presentan una concentración mucho mayor. Algunas tienen hasta 185 mg. en 500 ml., lo que supone un 46 % de la cantidad máxima diaria establecida por la EFSA como segura.

Si se toma la lata de una sola vez, supondría el 93 % de lo aconsejado por esta entidad en una única dosis (hasta 200 mg. en torno a 3 mg. por kilo corporal).

Por su parte, el consumo de cocaína puede producir la pérdida del sentido del olfato, hemorragias o la irritación del tabique nasal, llegando, incluso, a su perforación. Muchos consumidores de cocaína han tenido que reconstruirse el tabique, ya que los distintos procesos químicos con los que se trata la droga afectan directamente al cartílago.

Muchos consumidores de cocaína han tenido que reconstruirse el tabique nasal, puesto que los distintos procesos químicos con los que se trata la droga afectan directamente al cartílago.

A largo plazo, el consumo de cocaína actúa en el cerebro modificando los circuitos responsables de la gratificación y del placer, lo que puede reducir la capacidad de experimentar placer de forma natural. Empiezas a ser menos sensible a las emociones.

Yo controlo. Yo mido el riesgo

Un uso sociocultural más que normalizado las convierte en populares, deseables y de fácil acceso. Nos sentimos inspirados por el grupo y tendemos a un consumo al que, en muchas ocasiones, no sabemos decir que no, fomentando su asociación con los buenos momentos que nos trae. Y, aunque no tengamos percepción de peligrosidad, está ahí.

Solo tú decides consumir, cuánto vas a tomar cada vez y de qué manera, elige y lleva tu propio ritmo, pero recuerda:

  • No optes por este tipo de sustancias estimulantes si padeces enfermedades previas relacionadas con la tensión, el corazón, glaucoma o la salud mental…
  • No mezcles otras drogas —no sabes cómo va a ir la cosa e incrementas riesgos—, ni con medicamentos o alcohol, aumentas la posibilidad de lesiones y accidentes.

Según el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, más de la mitad de los que se han emborrachado y han consumido bebidas energéticas en el último mes reconocen haberlas tomado con alcohol (57,2 %), y el 56,1 % de los que han consumido cocaína lo han hecho también junto con alcohol.

  • Descarta este consumo si estás embarazada, o crees que puedes estarlo. Muchos de los bebés de madres que abusaron de estas sustancias durante el embarazo, nacieron de forma prematura. Además de tener poco peso, poca talla y un posible síndrome de abstinencia, de comportamiento y trastornos mentales. O con dificultades de aprendizaje.

Sea café o bebida energética, tomar cafeína como componente relacional, para estudiar y rendir en el trabajo o en la práctica de actividades deportivas, es un gesto muy sencillo.

Pero, para minimizar riesgos, es necesario reducir consumo, recordando que la cantidad incide directamente en el nivel de ansiedad y nerviosismo y, por ende, en la tensión y las taquicardias.

En el caso de la cocaína, debes:

  • Calcular bien la dosis, tomar más de la cuenta será demasiado estimulante. Pasará si pones más cantidad de la necesaria o dejas poco tiempo entre raya y raya; además aumentas el riesgo de acabar con sobredosis.
  • Intenta conocer su pureza y calidad, ten en cuenta que puede venir cortada, así que evita las que hayan sido adulteradas con componentes dañinos.

Se suelen mezclar con talco, azúcar o maicena, que no tienen impacto, pero también con otras drogas, con cafeína, estimulantes o con procaína y lidocaína, entre otras. Por eso, ve con cuidado.

  • Evita el consumo de las peores versiones de la cocaína, como es el crack, por ejemplo, o el basuco. Aunque la intensidad sea mucho mayor, el riesgo también. 

Es el caso de la pasta base (sulfato de cocaína) o basuca/basuco (también conocida como paco o teke o “ladrón de cerebros”), una especie de cocaína adulterada que surge de mezclar hojas secas de coca con ácido sulfúrico o queroseno, además de con ácidos, cafeína, plomo, herbicidas, solventes o hidrocarburos.  

Considerada una de las drogas más peligrosas que existen, su virulencia puede provocar daños irreversibles en el sistema nervioso y muerte cerebral en seis meses a dos años.

  • No compartas utensilios para el consumo, así evitarás enfermedades infecciosas asociadas a la vía endovenosa, como el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) causado por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), o alguna de las hepatitis virales.
  • Evita consumir solo, así, si pasa cualquier cosa, alguien podrá pedir ayuda. 
  • Conducir bajo la influencia de drogas, incrementa el riesgo para ti y para otros. Más allá de los problemas legales, consumir y conducir está vinculado a accidentes automovilísticos por la disminución de la atención y la coordinación motora.
  • Utiliza siempre protección, puesto que, tras el consumo, aumenta el deseo sexual. Y aunque en dosis bajas potencian la erección, lo cierto es que de forma habitual disminuyen la lubricación en las mujeres y dificulta la consecución del orgasmo en ambos sexos. Más duración, pero un sexo de menos calidad. 
  • Valora. La frontera entre el inicio de consumo y el desarrollo de una adicción es muy fina y la cocaína es una droga extremadamente adictiva; tanto que una persona se puede enganchar tras pocos consumos. Aunque siempre dependerá del tipo de sustancia, los patrones y frecuencia y las características del que las toma…

¡No olvides!

No olvides que los enfoques de reducción del riesgo, al final, van dirigidos a personas consumidoras que pretendemos mejorar la autogestión de nuestros consumos para disminuir la probabilidad de aparición de problemas asociados (emocionales, sociales y sanitarios).

  • Son actuaciones próximas a la prevención, que nos aconsejan desde los ámbitos profesionales como medidas para la promoción del bienestar y la protección de la salud individual y la salud pública.
  • Según este enfoque, es importante tener siempre recomendaciones prácticas y cercanas a nuestras situaciones de consumo, y que podamos poner en marcha nosotros mismos y en nuestro entorno.

Y, cuánto nos gustan…

Las sustancias estimulantes forman parte de nuestro día a día. Algunas, como el café, las concebimos inofensivas porque están más que normalizadas y legalizadas. Otras, como las bebidas energéticas, no están reguladas, pero las consideramos estimulantes sin entrar a valorar posibles efectos.

España es un país cafetero. En nuestro país se toman 46,5 millones de tazas de café, y solo en los hogares.

Según la Asociación Española del Café, cada día se toman en nuestro país 46,5 millones de tazas de café, y solo en los hogares. O más de 1.700 Tm de té, según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Pero, más allá de saber que España es un país cafetero, se está viviendo un crecimiento exponencial de las bebidas energizantes.

Gozan de la combinación perfecta: legales, precio accesible, refrescantes y sustentadas por una importante inversión en publicidad que las asocia con un mayor rendimiento físico, mental y de bienestar. Populares entre adolescentes y adultos jóvenes, su consumo representa ya incluso un símbolo de estatus.

Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), su consumo en adolescentes ha aumentado del 10 % a entre el 20 % y el 50 % en los últimos diez años en todo el mundo. Evidencia de ello se encuentra en la encuesta ESTUDES, que apunta que casi la mitad de los estudiantes con unos 17 años reconoce haber tomado bebidas de este tipo en los últimos 30 días, siendo la prevalencia mayor en chicos, que en chicas.

Respecto a la cocaína, según el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías, en España más de un 11 % de la población de entre 15 y 64 años, es consumidora. Sin embargo, en el caso de los jóvenes, como reflejan los datos de los últimos años de ESTUDES, las cifras han ido descendiendo, con las prevalencias más bajas en los varones desde 1994.

No te pases… de la raya

Convivimos con numerosas sustancias estimulantes legales. Las consumimos. Unas como el café, el cacao o el té y otras como las bebidas energéticas, con las que no debemos autoengañarnos con su calificación de refrescantes.

Tienen pendiente una revisión de su situación en la legislación actual de seguridad alimentaria, acorde al Informe sobre los riesgos asociados al consumo de bebidas energéticas elaborado por el Comité Científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). A ello se suma que tampoco existe una regulación de los ingredientes permitidos, sus concentraciones máximas o sus posibles combinaciones.

La cocaína, en cambio, es una droga ilegal en España. Según recoge nuestro Código Penal, esta sustancia se encuentra entre las “drogas que causan grave daño a la salud”, y está perseguido su cultivo, elaboración, tráfico, promoción o venta, facilitando su acceso a otras personas. También el tenerla para destinarla al tráfico o a promover su consumo.

Se puede encontrar con relativa facilidad. Y tenerla o comprarla en pequeñas cantidades, siempre que se pueda demostrar que es para consumo propio, no es delito, salvo que se tome en lugares, vías, establecimientos o transportes públicos, entonces, constituye una infracción administrativa grave a la seguridad ciudadana, según la Ley Orgánica 1/1992 de Protección de la Seguridad Ciudadana. Estará sujeta a sanción administrativa (multa) que puede sustituirse por un tratamiento de deshabituación en un centro acreditado.

También es ilegal conducir bajo sus efectos. Según la ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial, conducir con la presencia de drogas en el organismo, puede suponer una multa de 1 000 € y la pérdida de seis puntos del carné de conducir. Y si esa droga influye en la conducción, se aplicará el artículo 379 del Código Penal para su castigo: “prisión de tres a seis meses, o multa de seis a doce meses, o trabajos en beneficio de la comunidad de 31 a 90 días, y, en cualquier caso, con la de privación del derecho a conducir de uno a cuatro años”.

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